Post periodismo

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* Por Nicolás Arizcuren

Post periodismo

El periodismo ha tenido varias etapas en la historia (publicada) de la humanidad. Desde la antigüedad, se han encontrado ejemplos de prácticas periodísticas, como el Acta Diurna de Julio César, que son unos escritos en tablitas de madera o metal que eran expuestos en lugares públicos como el Foro Romano para que la gente pudiera informarse de lo que sucedía en la ciudad. Formalmente se traza una línea que va desde el 1600 a la actualidad, donde la profesión fue cambiando al galope de los cambios sociales, políticos, económicos y fundamentalmente tecnológicos. Hoy estamos presenciando un nuevo cambio.

Debo ser sincero, no tenía ni la menor idea del dato de Julio Cesar y, es verdad que podría haber desempolvado decenas de libros para llegar a la misma (o no) información; sin embargo, el avance tecnológico y de procesamiento de datos hoy me permite contar con algo que para la mayoría de los que trabajan de escribientes aún es tabú: reconocer que utilizan inteligencia artificial (IA).

“Un periodista es un ser humano, no un robot. Tiene que vivir, tiene que sentir, tiene que sufrir”. – Ed Murrow

Esta herramienta no solamente ha venido a facilitarle la vida a los estudiantes que tienen que hacer monografías o trabajos prácticos sino que, por inocente y bienintencionada que parezca, pone en jaque a todo un sistema que venía sostenido sobre los hombros de la, hasta ahora, capacidad solamente humana de procesar, analizar y, lo más importante, producir información.

El periodismo claramente no queda exento de esto, al igual que muchas de las otras profesiones que implican justamente el oficio de observar y describir la realidad, hoy se encuentra con el desafío de “competir” con notas y artículos creados de manera mucho más rápida y eficiente con inteligencia artificial.

Seguramente, habrá algún fundamentalista que se pare arriba de la cómoda silla de redacción y se agarre la cabeza gritando: “Nunca una máquina va a escribir como un verdadero periodista”.

Sin embargo, el verdadero problema no es que una “máquina” escriba como un periodista sino que un periodista escriba como una máquina.

“Un buen periodista no solo informa, sino que también cuestiona y busca la verdad detrás de los hechos”. – Carl Bernstein

En la actualidad, el abordaje casi aséptico de la noticia, la contaminación ideológica, los intereses creados, el corporativismo, la falta de análisis contextual, la ausencia de profundidad y fundamentalmente la pereza creativa han llevado a la profesión a un momento crítico en cuanto a su relación con el público.

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Este fenómeno no solamente ha alterado la manera en la que se procesa, analiza y produce la información sino también en cómo se consume. Así como el método “Mc Donalds” cambió para siempre la manera de comer hamburguesas, sepultando para siempre la costumbre de ordenar y esperar durante largo rato que el camarero traiga a la mesa la hamburguesa, hoy el hábito de consumo de la información, con las redes sociales, ha cambiado y esto claramente está afectando no solamente la industria sino también la profesión en sí.

Hoy estamos inmersos en una sociedad veloz, influenciada por el avance frenético, tecnológico y digital. La esfera de la comunicación no escapa a estos cambios, sino que se encuentra en el centro mismo de esta transformación. El periodismo atraviesa una profunda crisis digital y móvil, un proceso que comenzó hace mucho y cuyas repercusiones ya se hacen evidentes.

@damianpachter

Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba. Los médicos están allí.

12:08 a. m. · 19 enero2015

Publicó, pasadas las doce de la noche, un periodista freelance antes que nadie en la plataforma Twitter, alertando lo que varias horas después replicarían los medios tradicionales de comunicación. Esa conexión directa que permiten las redes sociales con la fuente y también la transparencia que presume una noticia cruda que no ha pasado por el filtro de la redacción de un medio, con todo lo que eso implica, ha transformado en estos últimos años la relación de los lectores con la información. Hoy, una persona, puede ser un “medio de comunicación” en sí mismo simplemente con una cuenta de Twitter y como si faltaran pruebas viene un presidente (Milei) a machacarlo día a día.

Si bien es cierto que las redes sociales juegan al límite de la censura en su afán de combatir las “fakes news” también hay que decir que los medios tradicionales nunca estuvieron exentos de noticias falsas, son muy pocos los gobiernos que no hayan tenido fricciones con la prensa justamente por este motivo y muy pocos los medios que puedan lanzar la piedra y decirse libres de “fake news”.

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Por esta razón, el fenómeno que hoy se conoce como post verdad o como diría Nietszche: “No hay hechos, sólo interpretaciones“, se refiere en realidad a que a partir de la llegada de internet, la producción de información se “democratizó” y se sumaron muchas más “subjetividades” al análisis de los hechos. Dicho más en criollo, los medios tradicionales perdieron la hegemonía de la verdad y la objetividad.

“El periodismo no es solo un trabajo, es una pasión por descubrir la verdad y compartir esa verdad con el mundo”. – Barbara Walters

La credibilidad de los medios tradicionales de comunicación está en crisis. La Universidad de San Isidro (USI) publicó una encuesta de opinión titulada “Credibilidad Periodística. Actitudes de los argentinos hacia los medios de comunicación y el periodismo“. Los datos muestran una opinión muy crítica de la ciudadanía hacia los medios y el periodismo, donde la credibilidad ha caído y se mantiene en calidad de media-baja con un índice de 2,7 sobre 10. Lo que quiere decir que  menos de 3 de cada 10 personas confían en la veracidad de sus noticias.

Quizá el camino para reinventarse implique no solamente ir hacia adelante y subir el mismo contenido tradicional, hecho con el mismo molde a las redes sociales, sino entender las nuevas audiencias y los nuevos hábitos de consumo de información. Por un lado, ir hacia adelante, entendiendo que cada plataforma requiere un contenido, un lenguaje y un tono en particular y aprovechar la estructura para generar verdaderas experiencias transmediales de información. Y, por otro lado, no perder de vista que después de todo estamos remitiéndonos a lo más ancestral del ser humano, estamos simplemente contando historias.

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