(No) Hay que sacar la basura

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* Por Nicolás Arizcuren

(No) Hay que sacar la basura

Así lo indicaron, el martes pasado, desde la Subsecretaría de Servicios del Municipio de Tandil, cuando comunicaron que no se llevaría a cabo la recolección de residuos domiciliarios producto de una medida de fuerza tomada por el personal de Recolección, quienes demandan la entrega de uniformes adecuados para poder continuar con sus tareas. Algo bastante curioso teniendo en cuenta que nunca en mi vida vi un recolector con el uniforme tal cual lo indica el reglamento, de hecho en verano se los puede ver en malla y sin remera recorriendo las cálidas calles de la ciudad.

Por lo que, el miércoles por la mañana, la pintura post apocalíptica se hizo aún más realista sumándole la basura amontonada a una ciudad que ya viene desde hace varios años acumulando baches, cables colgando, pastizales, pérdidas de agua, animales sueltos y una escalada delincuencial propia de las más cinematográficas distopías.

Cuando la basura se acumula en la calle, además de los problemas sanitarios y de higiene que esto conlleva, trae cifrado un simbolismo muy fuerte de apatía, abandono e impotencia política. La conclusión del ciudadano común es muy simple, si tienen inconvenientes para manejar algo tan simple y sistemático como la recolección de residuos, no me quiero imaginar cuestiones más complejas.

En tiempos donde la emocionalidad prima por sobre la racionalidad en el votante, es muy fuerte el simbolismo de la basura acumulándose en las calles ya que enfrenta al ciudadano directamente contra una de las emociones más nocivas para la imagen política: el asco.

A mediados del siglo XIX, Charles Darwin planteó la idea de que experimentar repugnancia puede tener un propósito evolutivo. Según escribió, el sentimiento de asco es innato e involuntario, y ha evolucionado para evitar que nuestros antepasados consumieran alimentos en mal estado que pudieran causarles la muerte. Joshua Ackerman, profesor adjunto de psicología en la Universidad de Míchigan, estudió la evolución de esta emoción a lo largo del tiempo y cómo se ha ido moldeando culturalmente como la emoción aversiva más fuerte por sobre el miedo y el odio. Todo lo que esté relacionado con el asco lleva claramente las de perder.

No hace falta nacer sabiendo; sin embargo, existen innumerables estudios acerca de un tema que, como digo, no solo tiene consecuencias higiénicas. “La forma de vida ha caracterizado a sus residuos”, dice José Vicente López Álvarez, profesor de Economía Circular y gestión de residuos de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). “La historia de la basura es la historia de la sociedad. Los residuos son un espejo, porque lo que encontramos en ellos es lo que consumimos”, dice Sabine Barles. La basura es todo lo que detestamos separado del objeto de deseo y el hecho de no poder resolver que hacemos con ello, habla de nosotros como sociedad.

La gestión de los desechos no es un desafío contemporáneo. “Apareció cuando la población se hace sedentaria en el Neolítico (en torno al 5000 aC). Los asentamientos crecieron y surgió la necesidad natural de buscar lugares donde tirar los desechos sin que molestaran”, dice José Vicente López Álvarez. Ese problema se manifestó en las grandes ciudades de Mesopotamia y Egipto, donde, por ejemplo, se llegaron a establecer basureros a kilómetros de Menfis. Si hacemos lo mismo 7000 años después es porque poco hemos aprendido.

Sumergidos en una cultura consumista del “use y tire la recolección es un servicio esencial, ya que no estamos preparados para convivir con nuestros desperdicios, no existe lugar en la casa donde poder acumularlos de una manera saludable, por lo que este tipo de hechos nos enfrentan nuevamente contra la impotencia del estado para resolver cuestiones básicas y elementales.

Hace unas semanas, se llevaron a cabo las II Jornadas Internacionales de Investigación y Acción sobre los Residuos, organizadas por la Red de Investigación y Acción sobre los Residuos (RIAR) y la UNICEN. Donde expertos de todo el país y el exterior, analizaron los desafíos que plantea la Gestión Integral de los Residuos Urbanos.

Luciano Villalba, doctor en ciencias ambientales, escribió al respecto que el relleno sanitario en Tandil es uno de los grandes problemas en materia de GIRSU (Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos). En 2021, el espacio disponible para enterrar los residuos llegó al final de su vida útil. Desde 2023, se enviaron parte de los residuos al viejo basural y al primer predio de relleno. El problema no es solo de espacio, sino también de la acumulación de líquidos lixiviados; estos son altamente contaminantes si no se separan correctamente, corriendo peligro tanto los arroyos como las napas.

Se avecina un cambio de clima en el ecosistema político local. El microclima que nos caracterizaba y aislaba del resto se ha roto y hoy tenemos los mismos problemas, aunque en diferentes proporciones, que cualquier otro municipio que antes mirábamos con espanto. Vemos hoy las consecuencias de una gestión que parece haber llegado al tope de posibilidades de reciclaje. Habrá que ver cómo deciden enfrentar los problemas en este último tramo de la gestión, si esconden la basura debajo de la alfombra o se ponen los guantes y empiezan a ordenar la ciudad.

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