Reinventar la vida cotidiana y el negocio. Eman y Zeban, junto a sus dos hijas llegaron a la Argentina hace dos años. Huían de Alepo, una de las ciudades más antiguas del mundo,  considerada como el centro industrial, financiero y cultural de Siria.

Formaron parte de uno de los mayores éxodos de la historia reciente. Alepo fue uno de los escenarios donde se libraron los combates más encarnizados de la guerra. Hoy Siria se reconstruye así como la vida de esta familia en nuestra ciudad.

Hemos conocido su hogar antes de la pandemia. Es cálido y luminoso, como ambos, que se muestran entusiastas y dispuestos a traducir correctamente las respuestas con la ayuda de un programa online específico. La casa es alquilada con la ayuda de la iglesia a la cual pertenecen. Oportunamente confeccionaron insumos para el programa Tandil Estudia de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat. Y recientemente donaron desinteresadamente su labor para la confección de kits sanitarios, con tela comprada por la iglesia, que fueron donados al hospital de Niños Debilio Blanco Villegas.

En tiempos de pandemia, su resiliencia es contagiosa e inspiradora. Agradecen a esta tierra con generosidad y más allá de los nuevos obstáculos del contexto, siguen soñando con re armar su negocio que en Alepo era mucho más grande: “Tenía una mesa para cortar tela, tijera eléctrica para cortar mucha tela. Doce máquinas de coser entre recta, overlock, collareta, plancha de vapor” evoca Eman. Allí confeccionaban vestidos de fiesta, ropa de bebe y cualquier otro pedido especial.

Les preguntamos cómo surgió la posibilidad de venir a nuestro país. “Salimos de Siria después de dos años de guerra.  Fuimos al Líbano para encontrar una vida mejor para nosotros, y para nuestras dos hijas, Mido y Lulú” recuerda Eman.

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“Pasamos cuatro años en una ciudad llamada Trípoli.  Comencé a ir a una iglesia evangélica en la capital, ayudando a los sirios. Después de un tiempo, un pastor vino a la iglesia y dijo que había un programa para ayudar a las familias sirias afectadas por la guerra a viajar a Argentina. Zeban y yo pensamos en la idea propuesta y decidimos registrarnos. De hecho, nos registramos y después de un año y ocho meses durante los cuales se llevaron a cabo procedimientos y entrevistas pudimos llegar a Argentina”.

“Nos quedamos en Alepo hasta que la situación se volvió trágica y difícil de vivir. Cada día había más asesinatos, destrucción y secuestros. Vivíamos en el terror diario”.

Zeban es sastre desde la infancia. “Tenía un taller de costura y una tienda que vendía suministros de costura y otra para vender ropa. Pero la guerra comenzó y todo se fue conmigo y ya no pude mantener a mi familia, así que decidimos dejar nuestro país” rememora.

En relación a cómo se adaptaron en la faz laboral en Tandil, Zeban comenta que vinieron “Bajo fianza de la Iglesia Evangélica del Nilo.  Con la ayuda de la iglesia y los hermanos en ella, comenzamos a conocer la ciudad y a trabajar en la costura. Mi profesión me encanta. Ahora mi esposa, Eman, trabaja en todo tipo de costura. Me resulta un poco difícil conseguir algunos suministros de costura, pero no nos desalentamos”.

En la actualidad, como otros emprendedores que apuestan a las oportunidades, están confeccionando barbijos, no sin descuidar el sueño de retomar los objetivos que tenían en su tierra natal.

Los encuentran en su Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100005384385609

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