La revolución de los corderos

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* Por Nicolás Arizcuren

La revolución de los corderos

Algo pasó, parece decirse, las miradas de muchos que cacheteados por la realidad todavía no dan crédito de la victoria de Javier Milei y no solo el nuevo panorama político y económico que impuso, sino el cambio social y cultural que como un alud avanza lento pero arrasador sobre las viejas estructuras.

Su estilo políticamente incorrecto refleja un rechazo significativo al establishment y principalmente a todo lo que forme parte de ese pensamiento cultural hegemónico que audazmente instaló el kirchnerismo. Al hartazgo le correspondió un deseo de cambio profundo entre una parte considerable del electorado que por primera vez no votó con el bolsillo.

“Un político sin seguidores es como un león sin su manada: solo y vulnerable.”

Su capacidad para canalizar las frustraciones y resentimientos de un gran grupo de votantes, combinada con su habilidad para comunicarse de manera directa y sin filtros, le permitió construir una base leal que valora su autenticidad y su postura desafiante contra el poder, así se trate de Lali Espósito o de Pedro Sánchez, basta con pisarle la cola al león para conocer sus dientes.

En comunicación política nada es casual, el arquetipo del león se asocia comúnmente con características de liderazgo, fuerza, valentía y determinación.

“La política es como una jungla, solo los más fuertes sobreviven.”

“No vengo a guiar corderos, vengo a despertar leones” mancillaba una y otra vez Milei, a sabiendas de que le hablaba a un rebaño prácticamente arrodillado e impotente ante veinte años de un kirchnerismo que a pesar de haberse tomado una siesta con Macri, jamás perdió el poder.

Algo cambió. Luego de despertar al ejército de leones, trabajo que claramente comenzó en las redes sociales y luego se tradujo en movilizaciones, apoyo y fiscalización, Milei se encontró con el gran desafío de poner orden a un zoológico político controlado por monos con navajas, en líneas generales gente poco preparada pero con mucha capacidad de daño. Es por eso que la respuesta a la actualidad quizá la encontraremos con más precisión en los manuales de biología del comportamiento, que en los de política.

“En la política, como en la selva, la lucha por el poder nunca termina.”

Quien sembró las bases de la campaña de Milei para su diputación fue el bahiense, Mario Russo, quien además de ser un experto en campañas electorales, es sociobiólogo y autor del libro “Animales políticos” donde traza una línea perfecta entre la etología que estudia el comportamiento de los animales y lo aplica al ámbito político. A pesar de su distanciamiento actual con el proyecto de Milei, es incuestionable que esos conceptos siguen todavía vigentes en la manera “animal” en la que el presidente hace su juego político y en cómo parece comportarse el resto del ecosistema.

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Ante la llegada del león, la primera reacción instintiva es huir. Y en definitiva, eso fue lo que sucedió en la fauna política nacional: Alberto se tomó un avión a España con tanto apuro que ni el perro se llevó. Y el abogado, devenido en ministro de economía, que pasó de querer barrer los ñoquis de la Cámpora a ser el ídolo “K” por tres meses, hizo lo propio y se fue a trabajar para “Greylock Capital Management” que, según me contó un amigo “K”, es una pequeña cooperativa de trabajadores obreros del capital con sede en Estados Unidos, que ayudan a los países pobres a salir de la crisis, o algo así.

“En la política, el pavo real se esfuerza por mostrarse brillante, aunque sus logros sean modestos.”

Los que no huyeron, cumplieron con la segunda reacción biológica: agruparse y luchar. Y ahí los vimos en estos cinco meses marchando y militando, casi sin distinciones a todo el “bestiario”, desde los más feroces sindicalistas y movimientos trotskistas hasta los caniches simpáticos pero gruñones del partido de Lousteau, pasando por toda la gama de peronismo que va desde el marxismo al mussolinismo en un suave y lento degradé.

Como diría el radical Ernesto Sammartino, un gran “aluvión zoológico” al que en cada marcha se le va corriendo más y más el fino velo que deja entrever el anhelo de partido único que colma sus noches de sueños húmedos. Igualito que en los países que ellos admiran como Cuba, Venezuela, Nicaragua, China, Corea del Norte y Rusia.

“En el mundo de la política, a veces es mejor ser un león por un día que una oveja toda la vida.”

La fauna política nacional ostenta una gran biodiversidad. En las cámaras, por ejemplo, la cosa está bastante despareja, por cada zorro hay quince burros, veinte focas aplaudidoras y veinticinco loros repitiendo sistemáticamente lo mismo que cuando gobernaba el “gato”, por lo cual ordenar eso no es tarea sencilla y mucho menos si no se tiene cuidado de los topos que van y vienen. Después hay que darle de comer a los cerdos, que si bien es cierto que cualquier cosa les viene bien, pero la cuestión es que no tienen fin y además están más sucios que una papa. Antes que me olvide, y nobleza obliga, cuidado también con la jaula de los gorilas, mirá que la tenés cerca. Y finalmente, dos consejos, león: apurá las tortugas de la justicia y cuidado con la serpiente, que cuando parece que está en retirada es porque está tomando impulso para tirar el mordisco.

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