En “Emprendedores que hicieron historia”, ENE recuerda hoy Casa Pravia, ese antiguo almacén de ramos generales que luego se aggiornó e incorporó una moderna -para la época- tostadora de café. 

“Casa Pravia” ese antiguo almacén de ramos generales que le dio vida con su enorme salón de ventas y su tostadora de café al corazón de la ciudad, abrió sus puertas en 1915. Ubicada en la esquina de Sarmiento y 9 de Julio, todavía hoy los vecinos de la ciudad recuerdan esos amplios pisos de madera, los enormes salones y los empleados, todos hombres, muy formales y atentos. Incluso, algunos repasan el olor del café y los chocolates. Y si bien hoy no existe un gran registro de aquel emprendimiento, su impronta quedó en la memoria de muchos vecinos que repasan sus historias no sin algo de nostalgia.

“Antigua y prestigiosa casa fundada en 1915 por el conocido vecino D. Alfonso Castiello, hoy retirado de las actividades comerciales después de muchos años de labor”, describe la revista “Tandil en la Historia”, un completo y minucioso trabajo que reúne los antecedentes históricos –escritos y fotográficos- de la ciudad y que publicó Osvaldo L. Fontana en 1947. Allí cuenta también Fontana que en 1936 Castiello se retiró y que quedaron al frente del almacén “D. Tarsicio Fernández Ávila y D. Emilio Cardona, quienes en el trascurso de 10 años han acrecido los negocios de la Casa Pravia”.

¿Cuáles fueron esas mejoras a las que Ávila y Cardona, con gran visión, apostaron cuando decidieron ampliar el negocio? A fines de la década del 40, anexaron un moderno tostador de café. “Personal especializado les permite presentar un óptimo artículo”, señalaba aquel entonces Fontana. Además, Ávila y Cardona son se convirtieron también en representantes exclusivos de las pinturas Paganti y del agua mineral Villavicencio. Lo que se dice un verdadero polirubro.

En recuerdo de los tandilenses

“Casa Pravia estaba en la esquina de Sarmiento y 9 de Julio. Era un almacén muy viejo, muy grande. Yo lo que recuerdo era que tenía piso de madera y muchos empleados. No recuerdo en que año se terminó, como tantas cosas…”, le cuenta Luisa Concatti de González a ENE. “Vendían de todo. Era un almacén enorme que tenía toda clase de cosas. La atendía el dueño y era un hombre bastante joven”, completa.

Ana, otra tandilense que vivió la época de oro de Pravia, también recuerda los pisos de madera y los altos mostradores. “Tenía empleados hombres, grandes, tres por lo menos atrás del mostrador que atendían cuando entrabas. Lo que no me acuerdo es si era Ramos Generales. Me parece que no, que era un almacén grande”.

“Pravia vendía cafés y chocolates”, repasa muy segura María Teresa, otra mujer que aquel entonces transitaba su juventud. Era un almacén muy grande que estaba en la esquina de 9 de Julio y Sarmiento, donde ahora hay un montón de locales chiquitos. Tenía dos entradas, una por 9 de Julio y otra en la ochava de Sarmiento. Tenía pisos de pinotea, grandes mostradores antiguos -capaz que para la época estaban bárbaros- y había dos o tres señores, no me acuerdo los apellidos, pero eran conocidos en Tandil”, completa.

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