Acciones y recomendaciones para el consumo doméstico eficiente de la energía.

Lic. Karen Ivana Flensborg*

Pirámide energética: El crecimiento de la demanda de energía

El crecimiento socioeconómico y el consumo de la población mundial impulsan una demanda de energía que está asociada a la degradación ambiental, ya que como plantea la Agencia Internacional de Energía (2018), el 82% del consumo mundial de energía se basa en combustibles fósiles: petróleo, carbón y gas natural respectivamente. Lo expuesto, representa una amenaza a la estabilidad climática del planeta, ya que el sector energético es responsable de 2/3 de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) totales, principales responsables del calentamiento global (Fondo Mundial para la Naturaleza, 2016). De este modo, se evidencia un consenso entre los académicos, los Estados y las organizaciones no gubernamentales respecto al necesario tránsito hacia una economía baja en carbono. En este contexto, adquiere relevancia el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) N° 7 de la Agenda 2030, vinculado a garantizar el acceso a una energía asequible, segura y moderna para todos. En esta búsqueda de un modelo energético más diverso y sostenible es clave la materialización de acciones centradas en el uso racional de la energía (URE), en la eficiencia energética (EE) y en la implementación de energías renovables (ER) (Figura 1).

Fuente: elaboración propia según lo enunciado en el ODS 7 (ONU, 2015)

 

La energía y el desarrollo social

Por su parte, Ibañez, Zabaloy y Guzowski (2020) plantean que la importancia de la energía en el desarrollo social se relaciona con la satisfacción de los llamados servicios energéticos (calefacción, cocción, iluminación, refrigeración, etc.) que permiten cubrir necesidades fundamentales ¿Pero cuáles son las acciones que puede adoptar cada uno de nosotros para construir la pirámide energética? En la base de la pirámide se destacan medidas vinculadas al URE, que son acciones dirigidas a reducir el consumo de energía a través de un uso eficaz e inteligente de la misma (Ham, 2016). Está vinculada a los hábitos de consumo de cada individuo, como por ejemplo apagar las luces cuando no se necesitan, cerrar puertas y ventanas cuando está encendido la calefacción o el aire acondicionado, limpiar periódicamente las luminarias, aprovechar la luz y ventilación natural, fijar el termostato del aire acondicionado en 24°C en verano, hacer un uso responsable del agua caliente en la ducha y no dejarla correr, etc. En otras palabras, el URE requiere comprender y analizar cómo se usa la energía en una determinada situación. Es decir, si se la usa bien, en la cantidad justa o si se está derrochando. El URE es la etapa preexistente a la EE que, en términos de Gil, Iannelli y Gil (2015) consiste en: “Usar la menor cantidad de energía posible para obtener el mismo nivel de servicio energético, sin afectar la calidad del bienestar buscado” (p. 88). El consumo de energía depende, básicamente, del tiempo que se utilizan los equipamientos y de sus potencias. Por lo tanto, el Consejo Mundial de Energía (2015) sostiene que, para conservar energía, se deben cambiar hábitos para reducir el tiempo de utilización, aprender a usarlos correctamente y elegir un equipo eficiente identificado a través de la etiqueta de EE, herramienta que permite conocer de manera fácil y rápida los valores de consumo de energía en los equipamientos (Figura 2).

Fuente: Secretaría de Energía (2020)

La etiqueta posee una barra de colores asociadas a diferentes letras en orden alfabético, así el verde es el más eficiente y el rojo el menos eficiente (Secretaría de Energía, 2019). En la actualidad es obligatorio el etiquetado energético en los aires acondicionados, freezers, televisores, microondas, heladeras, lavarropas, iluminarias, termotanques, hornos y hornallas y calefones. Cabe destacar que las letras varían según el tipo de equipamiento. A modo de ejemplo, en la Figura 3 se presenta la etiqueta de EE de un aire acondicionado.

Fuente: Secretaría de Energía (2020)

 

Hacia nuevas pautas de consumo

Existen múltiples factores que influyen en la selección de un equipo de aire acondicionado, tales como la dimensión del ambiente, los materiales constructivos, la orientación y la ubicación del establecimiento (vivienda, oficina, alojamiento, etc.). Es importante consultar a un profesional sobre el tipo de equipamiento que mejor responda a las necesidades y a las características de las habitaciones a climatizar. Asimismo, es importante contar con un correcto aislamiento térmico en techos y paredes, ya que se pueden conseguir ahorros energéticos hasta un 60% (Secretaría de Energía, 2019).

Por su parte, Gil (2018) sostiene que para llegar a la cúspide lo óptimo sería incorporar nuevas pautas de consumo, promover el cambio de tecnologías/equipos por aquellos más eficientes, para luego implementar ER: energía solar (térmica y fotovoltaica), energía eólica, biomasa (biocombustibles, gas de residuos, etc.), entre otras. En zonas aisladas, donde el costo de energía convencional es más elevado y menos accesible, las ER se convierten en una alternativa óptima. Las limitantes para su aplicación están centradas principalmente en el insuficiente capital y préstamos para la inversión, en los costes de instalación, a lo cual se suma la incertidumbre en relación a los resultados de su funcionamiento (Flensborg, 2020).

Ante lo expuesto, se puede establecer que el URE, la EE y las ER son estrategias complementarias y relevantes para enfrentar los desafíos ambientales del presente y del futuro, ya que contribuyen por un lado, a lograr las metas de descarbonización previstas en el Acuerdo de París y por otro, al alcance de otros ODS planteados en las Agenda 2030, a saber: ODS 9 (Industria, innovación e infraestructura), ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles), ODS 12 (Producción y consumo responsable) y ODS 13 (Acción por el clima).

Por último, se considera prioritario enunciar que el cambio climático llegó para quedarse y que sus efectos ya se están visibilizando, representando una amenaza para nuestra existencia. Sin embargo, entre todos podemos contribuir a frenarlo a través de la modificación de nuestros hábitos de consumo y mediante la adquisición de equipamientos y tecnologías más eficientes en el consumo y en la producción de energía. En este escenario, es importante recordar que: “LA ENERGÍA MÁS BARATA Y LA QUE MENOS CONTAMINA ES LA QUE NO SE USA” (Gil, 2018).

 

* Licenciada en Turismo y becaria doctoral de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) en el Centro de Estudios Sociales de América Latina (CESAL) de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN), sede Tandil. Integrante del PICT 2017-2960 “Generación distribuida en Argentina. Energías para la inclusión y la transición” (ANPCyT). Contacto: karenivanaflensborg@gmail.com

 

Referencias bibliográficas

Agencia Internacional de Energía (AIE). (2018). World Energy Balances 2018. Disponible en: https://www.iea.org/events/statistics-world-energy-balances-2018-overview

Consejo Mundial de Energía (2015). Propuesta para el desarrollo de la eficiencia energética. Disponible en: http://www.lideresenergeticos.org.ar/application/files/6214/4709/5651/Propuesta_para_el_Desarrollo_de_la_EE_Rev_02.pdf

Flensborg, K. I. (2020). Hacia la construcción de la pirámide energética: desafíos en los alojamientos turísticos de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. Aportes y Transferencias, 18(1), 1-23.

Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). (2016). Cambia la energía, cambia el clima. Cambio climático y su impacto en el sector energético. Disponible en: https://d2ouvy59p0dg6k.cloudfront.net/downloads/wwf_cambialaenergia_4.pdf

Gil, S. (2018). Introducción a la energía solar térmica y eficiencia. Disponible en: http://cyt.rec.uba.ar/piubaes/SiteAssets/Documentos%20del%20sitio/Energia% 20en%20edificios%202018/Eficiencia_ER_PIUBAES_UBA_A2018.pdf

Gil, R., Iannelli, L., y Gil, S. (2015). Ahorro de 1,5 GW en los picos de consumo eléctrico: iluminación LED. Petrotecnia, 84 – 96.

Ham, N. (2016). Concientización sobre el uso racional de la energía. En D. M. Pasquevich (Ed). Hacia un uso racional y eficiente de la energía en la Administración Pública Nacional (pp. 177-185). Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina: Instituto de Energía y Desarrollo Sustentable de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Ibañez, M. M., Zabaloy, F. y Guzowski, C. (2020). Una primera exploración de la situación de pobreza energética en Argentina: ¿Es la pobreza energética un fenómeno independiente de las privaciones multidimensionales de la población?

Organización de las Naciones Unidas (ONU). (2015). Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. Disponible en: https://www.un.org/sustainabledevelopment/ es/2015/09/la-asamblea-general-adopta-la-agenda-2030-para-el-desarrollosostenible/

Secretaría de Energía (2019). Guía de uso responsable de la energía en edificios y viviendas multifamiliares. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/guia_ure_edificios_y_viviendas_multifamiliares_enero_2019.pdf

Secretaría de Energía (2020). Etiquetado de eficiencia energética. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/produccion/energia/etiquetado-en-eficiencia-energetica

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