Sube el dólar: fiebre verde

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¿Porqué pensamos en el dólar?

A la expectativa de las elecciones del Domingo la cotización de la moneda norteamericana está en el centro de las preocupaciones cotidianas. ¿Por qué sufrimos ese flagelo y desde cuando pensamos en dólares?

Luego de las PASO, los comercios aumentaron sus precios, las concesionarias de autos, al igual que otros rubros, suspendieron sus ventas por orden de las fábricas, la gente corrió en busca de stock de mercadería y las casas de cambio no daban abasto. Esta especie de psicosis colectiva fue generada por el salto en la cotización del dólar.

A través de un raconto de diferentes medios nacionales pudimos vislumbrarlo y preguntarnos: ¿qué razones económicas y culturales hacen que el Dólar sea tan protagonista en la vida diaria de los argentinos?

Lo primero que se debe decir es que se trata de una construcción moldeada a lo largo de décadas, lo que hoy entiende el argentino por dólar no es lo mismo que entendía otro argentino a fines de la década de los 40, en los comienzos de esta historia “verde”.

Ariel Wilkis, decano de Idaes (Instituto de Altos Estudios Sociales) de la Universidad Nacional de San Martín e investigador del Conicet, dice que para llegar a este estado hubo una serie de mediaciones culturales. “Cada época fue agregando nueva información, hasta llegar a un punto en el que cualquier argentino conoce no solo la cotización del dólar, sino también el nivel de reservas que hay en el Banco Central para contenerlo, etcétera. Eso, que no pasa en otros países, es lo que yo llamo popularización del dólar”, dice el especialista.

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Wilkis, junto con Mariana Luzzi, socióloga e investigadora del Conicet, publicaron recientemente el libro “El dólar”, donde manifiestan: “El valor de la moneda estadounidense integra la información básica que comunican los medio. Cada mañana, nos dicen la temperatura, el estado del tránsito y la cotización del dólar”.

Fernando Rocchi, profesor de Historia en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), comenta que hasta la Segunda Guerra Mundial, la moneda de referencia para los argentinos era la libra. “En 1949 se produce la devaluación de esa moneda y la gente deja de creer en ella. Ahí se empieza a hablar de dólar y, como había inflación, comienza a subir su cotización”. “El primer golpe de inflación importante llega a fines de 1958, con Arturo Frondizi, que hizo una devaluación el último día de ese año y llevó el dólar oficial de $18 a $90. Ahí la gente empezó a pensar en dólares”, recuerda Solanet.

Ya a partir del 50, el mercado cambiario empieza a abandonar la vinculación estrecha con el mundo de las elites, y las coberturas de prensa sobre el mercado cambiario son narradas para interesar al público masivo  y para 1960 el dólar empieza a estar en boca de todos.

La gente seguía pensando y ahorrando en dólares, pero todavía las operaciones inmobiliarias se hacían en pesos. Eso cambiaría en la década siguiente, con el Rodrigazo, en 1975, y con la reforma financiera, en 1977. “Muchos habían firmado boletos de compraventa de sus propiedades en pesos y a la hora de escriturar esos pesos no valían nada. Ahí, la actitud del argentino frente al dólar cambió radicalmente”.

Una vez que el dólar se convierte en una moneda popular, comienza a gestarse otro fenómeno que se unirá al anterior y dará forma a una bola de nieve que llega hasta hoy: el billete verde tiene cada vez más injerencia en los procesos políticos. “Desde 1983 hasta la actualidad, casi todas las elecciones presidenciales tuvieron al mercado cambiario como protagonista, algo que nos lleva a concluir que el mercado cambiario es una de las grandes instituciones políticas de la Argentina”, enfatiza Wilkis.

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El recuerdo traumático de haber perdido ahorros o propiedades es una de las razones de la popularización del dólar, pero no la única. La economista Victoria Giarrizzo, investigadora del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP)-Baires de la UBA, dice que el dólar incide en la vida diaria argentina porque impacta en los precios, y eso ocurre por dos cosas ligadas al empresariado: la avivada, en algunos casos, y el desconocimiento de la propia estructura de costos, ya que se trasladan a los precios todo el aumento del dólar sabiendo que no en todos realmente impacta.

Ya con veda electoral, está pasando lo mismo. Lo que sucederá el día lunes nadie lo sabe con certeza. Por lo pronto volvimos al “no hay precio hasta la semana que viene” pero mientras tanto la gente intenta comprar dólares, como así se ve en las colas de espera en varias casas de cambio del centro de nuestra ciudad.

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