“Las manitos hablan” es un instrumento novedoso para que los chicos con problemas de audición puedan interactuar a través del lenguaje de señas. Graciela Bruggesser, su autora, creó además juegos y material didáctico. Cómo surgió el proyecto y cuáles son sus objetivos.

Durante la última Feria de la Economía Social y Solidaria, a metros de la entrada principal, un puesto repleto de manitos amarillas invitaba a los curiosos a mirar. Sobre la mesa, libros, juegos didácticos y stikers. Detrás, Graciela Bruggesser. “Mi objetivo es que se tome conciencia de lo que es el lenguaje de señas”, dice, y cuenta que junto a su nieta la idea de participar de la feria es, además de vender, repartir la mayor cantidad de calcomanías. “Las manitos hablan”, el emprendimiento de Graciela, nació hace un par de años, casi por casualidad, y hoy es un libro que busca ser un instrumento de aprendizaje para que los niños con problemas de audición puedan interactuar a través del lenguaje de señas. Se trata de un diccionario con imágenes que incluye, además, el abecedario en sistema Braille. En una charla con ENE, Graciela contó cómo surgió la idea de escribir un libro y cómo fue el camino para lograrlo.

 -¿Cómo nació la idea de escribir un libro sobre el lenguaje de señas?

Surgió buscando material en Buenos Aires. Mi cuñada siempre miraba en las librerías y una vuelta encontró un lugar donde había juguetes. El lugar se llama didactikids. Pedimos un libro para chicos y no había. No existía. Yo doy clases de lengua de señas y había armado un libro en casa. Se lo comenté al señor y me dijo que quería verlo. Mi idea era ver qué otros materiales había sobre el tema. En ese momento lo registré en la Cámara del Libro, hicimos todos los trámites, se lo llevé cuando ya estuvo lindo y me compró. Después surgieron los juegos…

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-Encontraste un nicho poco explotado.

-Claro. Y además hay otra cosa, no hay material para los chicos con problemas de audición. Entonces, la idea fue hacer algo didáctico para aprender jugando. Y así se me ocurrió hacer esos los juegos.

-¿Qué te motivó a escribir el libro y crear los juegos?

-Más que nada la difusión. Yo doy clases, empecé con talleres para chicos y ahora doy también para adultos. Enseño en el Comunitario Tandil que está en el pasaje Salceda y en el Centro Comunitario Metalúrgico en Cramer. Y después doy en el jardín 906, turno mañana y turno tarde.

-¿Y qué significa paras vos emprender?

-Para mí más que nada es poder ayudar. Este proyecto arrancó como un material para enseñar a los chicos. Ni siquiera lo vi o lo veo como un emprendimiento. Y a partir de esa idea surgió el libro y luego los juegos. Al libro se lo llevé a Alicia Laco, de la Librería Alfa, y ella me invitó a la Feria del Libro. No fue un emprendimiento planeado, se fueron dando las cosas solas.

-¿Y ahora qué productos ofrecen?

-Tenemos el libro, tenemos anotadores y también hicimos calcomanías para pegar en los autos, pero eso lo vamos repartiendo para difundir la lengua de señas. Lo dejamos con un papelito para que la gente tome conciencia y se le dé mayor importancia.

-¿Qué te dicen las personas que pasan por el puesto?

Es todo amor y cariño lo que recibí con el libro.

¿Qué te gustaría que pase a futuro?

-Me encantaría que se enseñe en las escuelas, y para eso estoy trabajando. Vamos a las escuelas con el material. También tenemos un coro, se llama Las manitos hablan, y entonces con eso hacemos himnos, o alguna fecha patria, canciones para chicos en los jardines… yo lo que más intento es difundirlo en las escuelas y jardines. Y que se tome conciencia de lo que es la lengua de señas, al margen de que se utilice o no este material. Por eso hicimos con mi nieta no sé cuántas calcomanías, para que sepan que es la lengua de señas, y que se enseñe en las escuelas. La verdad, sería una materia fundamental.

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