ENE entrevistó al decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNICEN, doctor Alfredo Rébori, para reflexionar sobre la incidencia de la pandemia en la economía. Compartimos la primera parte, en la cual analiza los aspectos vinculados a lo microeconómico.

 “Estamos ante lo que se llama, en economía, un “shock exógeno” que impacta sustancialmente en el desarrollo de las actividades económicas en todo el mundo. Los conocimientos necesarios para la comprensión, explicación y predicción de la evolución del shock exógeno, que es el COVID19, provienen de, entre múltiples disciplinas y áreas científicas, la biología y la medicina”, explica Rébori.  

El decano adhiere profundamente al proverbio del Talmud: “quien salva una vida, salva al mundo entero”, que ha sido extensamente utilizado para reconocer a personas que, durante el holocausto, pusieron en riesgo (y, también, perdieron) sus vidas para salvar a otros del exterminio. En otras palabras –advierte-, se pueden explicar los impactos económicos, pero las decisiones en un ámbito donde “nada es gratis” corresponden al hacedor de políticas”.

Lo microeconómico: las empresas, los consumidores, los trabajadores 

“Desde el punto de vista económico –explica Rébori-, las diversas consecuencias del shock, denominado COVID19, emanan de dos dimensiones. Por un lado, se trata un virus altamente infeccioso y persistente que afecta fuertemente la fuerza laboral. Por otro, las decisiones adoptadas por los gobiernos para contener su difusión (“aplanar la curva de contagio”), también, condicionan la oferta y demanda de bienes y servicios”.

En relación a nuestro contexto, y cómo la combinación de ambos factores ha afectado la organización de la producción”, Rébori alude a “las empresas que, incentivadas por la búsqueda de beneficios asumen costos económicos que se recuperan con sus ingresos por ventas. Al cerrar, sus ingresos tienden a cero y los costos, en general, se mantienen. ¿Cuánto tiempo pueden continuar sin cerrar definitivamente? -se pregunta-, para automáticamente responder que “no hay una respuesta general, pues, las empresas son heterogéneas y dependerá, entre otras cuestiones del sector económico, y de su situación financiera. Ahora bien –continúa explicitando-, cuando hablamos del tejido empresarial, ¿en dónde encontramos menor grado de fortaleza relativa en estas variables? En general, en los cuentapropistas y en los participantes de la economía informal. Ello se debe a múltiples razones como la falta de acceso al financiamiento, escasez de habilidades en el personal, mercados muy pequeños, etc”. 

Según el especialista “En principio, pareciera que aquí estaría el centro de la cuestión a nivel empresarial. No obstante, las medianas y grandes empresas suelen pertenecer a cadenas de valor internacionales que se ven seriamente afectadas por el cierre de fronteras de los países y los impactos en la cadena logística (transporte, puertos, aeropuertos, etc.) y en el acceso a sus clientes”.

“Lo anterior nos conduce a pensar que, buena parte del problema se encuentra en el estrangulamiento de la oferta de bienes y servicios, más allá de que la demanda se encuentra, también, altamente deprimida por las propias restricciones a la movilidad y el intercambio”, añade.

“Hoy, podemos pensar que las empresas enfrentan un escenario de pérdidas (ingresos tendientes a cero y costos erogables) de diferente magnitud. ¿Podrán absorber el impacto? dependerá de su situación patrimonial y financiera particular y, de acuerdo con esos puntos de partida, su supervivencia estará supeditada al tiempo en que se sostenga la regulación”, concluye.

Dejá tu comentario
Mirá también  Formación en economía feminista