El nail art y el glitter en el maquillaje y los peinados se instaló en Tandil de la mano de Celeste Ferreira y Luciana Rolando, amigas y socias en “Santa Purpurina”. Cómo decidieron hacer de la pasión y el hobby un negocio y por cuál fue la clave para lograr una impronta única.

 “Que nadie apague tu brillo” rezan en la espalda, en letras violetas, las remeras que Celeste Ferreira y Luciana Rolando usaron el 8 de marzo de este año en la plaza del centro durante la movilización por el Día de la Mujer. Ese día, con una mesa, un par de banquetas y mucho brillo, dejaron su sello en las uñas, la cara y el pelo de decenas de chicas -y no tan chicas- que participaron de la movilización. Ese día presentaron en sociedad a “Santa Purpurina”, un emprendimiento que incluye los servicios de nail art, manicuría, maquillaje y peinado y que busca ofrecer un servicio distinto en la ciudad. Ese día, Celeste y Luciana empezaron a “purpurinizar” a Tandil.

Luciana estudió Maquillaje social en Dayloplas, maquillaje de fotografía y de TV con Sara Ramírez y Peinado con Carina Lutz. Es maquilladora, peinadora y hoy en día también da clases de automaquillaje. Celeste, por su parte, tiene un título de Realizadora Integral de Artes Audiovisuales y trabaja en el Área de Comunicación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Unicén. La pasión por el nail art la llevó a formarse con Melisa Weimann en Manicuría Tradicional y uñas esculpidas, con Rocío Damario en Esmaltado semipermanente, uñas gelificadas y decoración de uñas y en nail art con Natalia del Río de Río Manos y con María Soledad Ferreyra de Make My Day. Para conocer un poco más sobre la historia del emprendimiento y el nail art, ENE charló con Celeste.

 -¿Cómo descubriste, luego de estudiar y trabajar en otra área, tu pasión por el nail art?

-¡Jugando! (risas). En realidad fue así, y también curioseando un poco. Hace seis años o un poco más vi unas fotos de Calu Rivero con diseños de ojos en las uñas y formas geométricas y me pareció muy original. Y como ya me aburría pintarme siempre de un solo color -en esa época estaba a full el rojo-, de a poco empecé a experimentar en mis uñas y las de las amigas que se prestaban. Buscaba fotos en Facebook, copiaba diseños y así empecé a armarme de una colección de esmaltes que hoy ya superan los 200.

 -¿Cuándo y por qué decidiste pasar del hobby al emprendimiento?

-El año pasado participé de un taller organizado por Julia Oses con unas chicas que vinieron de Buenos Aires, dos emprendedoras “nailarteras”: Natalia de Río Manos, y Mafalda de Wibbly Wobbly. Ellas hablaban de cómo habían empezado y me sentí súper identificada. Yo también fui autodidacta como ellas, así que dije “¿por qué no ponerle pilas a esto que me encanta?”. La técnica artística ya la tenía, me faltaba aprender la técnica de la manicuría básica, así que ahí empecé a tomar cursos y talleres.

 -¿Cómo nació Santa Purpurina?

-Nació en medio de mates y ganas de despuntar el vicio creativo que llevamos dentro. Todo salió de una charla después de tomar una clase de automaquillaje con mi amiga Luciana Rolando. Ella es maquilladora desde hace más de diez años y, como yo, también trabaja de otra cosa, por lo que la necesidad de canalizar la creatividad en algo que nos encanta hacer ya hacía rato que andaba dando vueltas en nuestras conversaciones. ¡Así que nos tiramos a la pileta!

 -¿Cómo eligieron el nombre del emprendimiento?

-El nombre fue una construcción colectiva. Una vez que decidimos encarar el proyecto nos faltaba ese pequeño detalle… Sabíamos qué queríamos reflejar y el estilo a desarrollar: un emprendimiento de belleza vanguardista, divertido, profesional y colorido. Mi novio, que participó desde el principio en el proceso, propuso que nos llamemos “Purpurinas”, pero nos quedaba la sensación de que estaba incompleto, así que le agregamos la palabra “Santa”, como una oda al glitter que nos encanta y que utilizamos tanto en maquillaje como en nail art.

 -¿Qué servicios ofrecen?

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-Hoy en día tenemos servicio de maquillaje y peinado para eventos, casamientos, fiestas, cumples de 15, egresadas, novias, etc. Y en lo que tiene que ver con manicuría, además del servicio de belleza de manos y manicuría tradicional, incorporamos uñas esculpidas en acrílico y gel, esmaltado semipermanente y, por supuesto, ¡nail art! Lo que buscamos es que, más allá del servicio que necesiten, nuestras clientas se sientan como en su casa, por eso también les ofrecemos mate, té, café y alguna cosita rica. Además siempre tenemos música a su gusto, porque a veces son varias horas las que se requieren para realizar un trabajo, y con música y algo en la panza se lo pasa mejor.

 -¿Qué es el nail art y cómo fue recibido en Tandil?

-El nail art es una tendencia en manicuría que viene cobrando fuerza en los últimos años. Significa “arte en las uñas” y se trata de incorporar diseños, colores y decoraciones que se destacan del esmaltado tradicional. Existen muchísimas técnicas que se pueden realizar tanto con esmaltes comunes como con semipermanentes, y es adaptable a los gustos de cada persona. A mí personalmente lo que más me fascina del nail art es la infinidad de posibilidades que te brinda. Hoy en día hay miles de colores, stickers, glitters, placas de stamping que se pueden combinar para crear uñas distintas, divertidas, elegantes o lo que la clienta requiera. ¡En el mundo del nail art todo es posible! En Tandil todavía tiene que explotar… creo que todavía resulta algo medio loco, pero de a poco las chicas -y no tan chicas- se van animando…

 -¿Las mujeres tandilenses se juegan por las uñas con diseño?

-Como te decía, vamos de a poco. Hay mujeres que sí, se re copan y buscan diseños y me mandan para adaptarlos a ellas, sobre todo las egresadas. Pero es algo que todavía es bastante reciente por estos lados, así que, como todo, hay que darles tiempo para que se animen a salir de la típica “francesita” y los esmaltados lisos. Como siempre digo, es una camino de ida, una vez que probás un diseño diferente y empezás a recibir elogios por tus uñas, ¡no hay vuelta atrás!

 -¿Qué tipo de clientas tienen?

-Nuestra clientela es variada. Tenemos desde chicas que se maquillan por primera vez para un cumple de 15 hasta señoras que vienen cada quince días a arreglarse las manos. Nosotras apuntamos a un público que, más allá de la edad, se anime a destacar entre la multitud, que se divierta probando estilos nuevos, y que a la vez su imagen refleje o potencie su personalidad.

 -¿Qué significa ser emprendedora?

-Para mí es todo un desafío, ¡sobre todo porque nunca tuve nada que ver con los negocios! Estudié Cine y trabajo en la Universidad, que es lo que me da la entrada fija de dinero, y la decisión de emprender fue fuerte porque se mezclan la pasión por hacer lo que una ama con la incertidumbre de cómo va a salir todo. Estamos aprendiendo todos los días, sabemos que es un proceso que puede ser más lento de lo que quisiéramos, sobre todo en los tiempos que corren, pero como nos gusta tanto le ponemos garra y constancia.

 -Son dos socias, ¿Qué hace cada una y cómo se conocieron?

-Yo me encargo de todo lo que tiene que ver con manicuría, el contenido para las redes sociales y algunos detalles administrativos. Y Luciana se encarga del maquillaje y el peinado, además de darse más maña que yo en los asuntos contables. Nos conocimos diez años por amigos en común, salíamos casi todos los fines de semana juntas y obviamente nos hicimos amigas. A la vez compartíamos clases de danza, así que empezamos a tener otros puntos en común, más artísticos que la salida de los sábados.

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 -¿Qué aporta cada una al proyecto?

-Si bien compartimos la misma visión en cuanto al proyecto, tenemos personalidades distintas y eso es lo que enriquece a Santa Purpurina. Lu aporta su profesionalismo y calidez. Siempre está dispuesta a crear el look que mejor se adapte a la personalidad y gusto de cada clienta. Tiene un afinado sentido del estilo y la elegancia. Y yo soy la del impulso creativo, la que le pone color a todo… ¡y brillos, por supuesto! (risas). Tengo la tendencia de buscar y encontrar inspiración en todos lados, y tranquilamente puedo estar posteando algo en Instagram que se me ocurrió yendo en colectivo al campus. Pero lo más interesante creo que es lo que aportamos desde el conjunto: más allá de la búsqueda de calidad y nuevas tendencias, nos divertimos un montón haciendo esto. Y eso sabemos que se transmite y a la gente le llega.

 -¿Cuál fue la principal dificultad con la que se encontraron en el camino de construir una identidad para su empresa?

-Creo que la identidad se construyó naturalmente. Las dos tuvimos claro desde el principio a dónde apuntamos y cuál es el concepto de Santa Purpurina que queremos transmitir. Cuando en nuestras redes decimos “Purpurinizate”, significa que te estamos invitando a entrar en este mundo de brillo y de color que creamos para que potencies tu belleza natural. Seguramente las dificultades para nosotras tienen que ver más con el desarrollo empresarial, que es un área en el que no nos formamos específicamente, y todo lo que hacemos lo hacemos a pulmón, a prueba y error, aprendiendo de cada paso que damos.

 -¿Cuál fue el logro que más disfrutaron?

-La vigilia del 8M, ¡sin dudas! Fue como una “presentación en sociedad” y por suerte fuimos muy bien recibidas. Nos enteramos de la convocatoria de la Asamblea de Mujeres que estaban organizando la movida cultural previa a la marcha en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, y quisimos participar de alguna manera. Así que ese día fuimos con stenciles, maquillaje artístico y mucho glitter violeta, y “purpurinizamos” (como le decimos nosotras) a mujeres de todas las edades, niñas y niños que se acercaron con toda la buena onda a ponerse glitter en el cuerpo para marchar. Nos habíamos preparado durante semanas y estábamos nerviosas porque no sabíamos si la propuesta iba a tener aceptación, ¡pero fue increíble!

 -¿Cómo surgen las ideas?

-Mentiría si dijera que la mayoría de las ideas no surgen con mate o cerveza artesanal de por medio… (risas) pero sí, ¡así es! Ya sea si nos reunimos puntualmente para coordinar acciones, o que nos juntamos a cenar con nuestro grupo de amigos, son esos momentos de conexión y relax entre amigas en los que la creatividad fluye y salen nuestras ideas.

 -¿Qué momentos recordás como los más gratificantes del emprendimiento hasta ahora?

-Cada foto de egresada o quinceañera que hemos lookeado nos gratifica. Cada mención en Instagram de nuestras clientas que se van contentas con nuestro trabajo también. Pero podemos agregar, también en sintonía con la militancia feminista del 8M, que cuando volvimos a participar con otra propuesta el 3 de Junio en la marcha por el #NiUnaMenos, y que nos digan “Ah, ustedes son las Purpurinas”. Que nos reconozcan por lo que hacemos fue súper emocionante. Porque si bien siempre buscamos crecer, a veces no terminamos de creer que estamos cumpliendo el sueño de hacer lo que amamos.

 -¿Cómo crees que será Santa Purpurina en unos años?

-¡Brillante! (risas). No, en serio, como te decía recién, queremos crecer, y nuestra primera meta es llegar a tener nuestro local propio, donde además de brindar estos servicios, podamos incorporar nuevos, brindar talleres y cursos, y compartir esta “energía purpurina” que está empezando a vibrar en Tandil.

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