Fotografía de Gonzalo Celasco

Un 27 de agosto de 1920 a las nueve de la noche desde la terraza del Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires, Enrique Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica, a quienes desde ese día conocemos como “Los locos de la azotea” realizaban la primera transmisión radial en nuestro país. Cuatro aficionados escribían una de las primeras páginas de la radiofonía mundial. Cien años después, en Tandil, Alejandro Latorre publicó “Recuerdos de una caja mágica”.

“Quise canalizar mi pasión por este medio en un libro”

Entusiasta de la palabra y del medio. Promotor de los tesoros del pago chico. Alejandro elige la simplicidad, no exenta de rigor investigativo, para contar una historia cercana, que despierta automáticamente los recuerdos del público.

“Cuando era pibe en mi casa mi vieja decía prendan la radio que parece que estamos todos muertos, así que todo el tiempo estaba sonando una pequeña radio y estaban esos enanitos que entraban ahí en esa caja mágica, según mi vieja. Después con el tiempo me di cuenta que fueron unos gigantes los que hicieron esa radio de los 80, de los 90, y ahí están flotando en mi recuerdo las voces de Rubén Candelas, de Alberto Guillén, de Teresita Zumpano. Y hace un año y medio quise canalizar mi pasión por este medio en un libro que se llama “Recuerdos de una caja mágica” son doscientas páginas en las que cuento acerca de la historia de la radio en Tandil y la región. Este proyecto va a continuar con un Museo de la Palabra, donde van a estar todas esas voces que tanto admiro flotando en el aire para que las nuevas generaciones sobre todo aquellas chicas y chicos que están en carreras de locución, periodismo, comunicación, puedan conocer a las personas que hicieron radio en Tandil”, explica.

El proceso de la escritura

En relación a cómo la tarea de sistematización de datos finalmente se traduce en una historia Alejandro describe: “Para mí que ya escribí tres, es por momentos muy caótico. Uno apunta recuerdos, ideas, interrogantes, habla en este caso con oyentes, con gente que trabaja o ha trabajado en radio, y de a poquito la historia se va contando sola. Este no es un libro de la academia, pero varias amigas de la carrera de Historia me dijeron parece una tesis, y el periodista e historiador Néstor Dipaola me dijo: Fuiste a un lugar al que no habíamos ido con los colegas que revisamos la historia de Tandil, así que es un aporte a la historia local, porque siempre digo que es muy importante conocer lo que dijo el fundador de este pueblo cuando llegó Martín Rodríguez, lo que dijo Osvaldo Zarini cuando creó la Universidad, pero también contar lo que dijeron, lo que sintieron, lo que se esforzaron los obreros de la palabra, hombres y mujeres que nos acompañaron con sus voces y también nos informaron”.

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“Con el correr del tiempo ese caos de párrafos va tomando una forma, que es la forma que la historia va proponiendo, y al mismo tiempo uno va mostrando ese material a colegas que le van diciendo por acá, por allá, y finalmente termina un producto. Por supuesto que si leyera este libro dentro de dos años, tal vez le haría modificaciones, iría para otro lado, pero también esto es algo artístico, y si salió de esa manera, con esa impronta, por algo será y listo. Afortunadamente los lectores me vienen diciendo que les gusta el trabajo, que se hace muy llevadero el material, porque hay muchísimos apellidos, muchísimos datos, y uno también busca no cansar al lector y que sea algo entretenido. Más o menos creo que pude lograr ese balance”.

Primera edición: 100 ejemplares

Latorre aclara que este no es un emprendimiento comercial, sino todo lo contrario. “El libro tiene una edición limitada. Solamente 100 ejemplares de los cuales ya se vendieron 40, en la librería Alfa. Solamente los dejé ahí pensando que en este tiempo de tanta publicación, de tanta fragmentación de los espacios, pienso que a veces los consumidores necesitan menos información. Así que fui mandando desde principio de año notas a los medios de comunicación de Tandil, sobre locutores, periodistas de Tandil anunciando también que iba a estar el libro y ahora continúo haciendo esa tarea y recordándoles a los lectores que pueden pasar por la librería Alfa de Alicia Laco”.

“Una vez que se vendan todos los ejemplares seguramente vamos a hacer otra edición, Y otra posibilidad de que los lectores se acerquen al material es a través de un correo electrónico porque sobre todo en este tiempo tan difícil de pandemia nos vienen encargando libros de afuera, y por esto de que es difícil viajar, los estoy mandando en PDF”, agrega.

La transformación permanente del medio

El corazón del emprendimiento del autor tiene que ver con “La intención de resaltar, rendir homenaje a los trabajadores de la palabra de Tandil y la región. Al mismo tiempo este libro permite ver la radio de hoy y empezar a pensar la radio del futuro. Soy un militante del Sindicato de Prensa de Tandil y Azul y en más de una ocasión junto a compañeros participé de jornadas de protesta para mejorar nuestros salarios en todos los medios de comunicación, pero vale la pena citar a los medios radiales, así que hay una postura ideológica bien definida en mí. Teniendo en cuenta esto reconozco que es un tiempo muy, muy difícil para un propietario de un medio de comunicación local porque la competencia que hoy tiene quien dirige una radio AM es terriblemente más compleja que hace treinta años. Hace treinta, cuarenta años había una sola AM en Tandil, hoy hay tres radios AM, hay cincuenta radios FM y la gente consume redes sociales, así que en ese mundo el propietario de una radio tiene que vender publicidad y pagar sueldos. Al mismo tiempo esto es muy difícil para un trabajador de prensa, porque un diario tiene entre cincuenta y setenta noticias, un diario local, uno tiene que llamar la atención con un artículo en ese universo de muchas noticias y al mismo tiempo competir con todas las publicaciones de todas las redes sociales. Así que un lector tiene a su alcance más de cien estados de Whatsapp, más de doscientos artículos en Facebook y demás, y tantos otros en las demás redes sociales. Hacerse un lugar para que un oyente, un lector, vea nuestra noticia, y consuma una publicidad es muy difícil”, revela.

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“La radio estuvo a punto de morir”

“Al menos la daban por muerta muchos años atrás, cuando surge la televisión, pero aparece en escena Cacho Fontana por ejemplo y la re-inventa. Hace treinta años decían también que la radio iba a morir y ahí está sobreviviendo, bueno este libro también es un puntapié para conversar de esto que nos apasiona e imaginar la radio del futuro. Tal vez pase por Internet cuando Internet sea libre para todo el mundo, dicen en 2023. Imagino sí un medio fragmentando su audiencia. Si hace cuarenta, cincuenta años la imagen era una familia mirando y escuchando la radio, siguiendo un radioteatro, hoy la realidad es distinta, porque cada familia tiene muchas pantallas, y cada uno está en la suya, bueno imagino que también las programaciones van a ir siguiendo eso, radios para determinados grupos sociales”, sostiene.

“La solución para este momento de crisis por supuesto que no la tengo, pero creo que cada vez que ocurre una situación como la que padecen los medios de comunicación, sobre todo los chicos del interior, es una posibilidad de reinventarse y a través de suscripciones algunos medios van saliendo adelante. Imagino también radios que organicen eventos que tengan una llegada muy cercana a sus audiencias y ya no sean tantos los auspiciantes sino los propios oyentes los que solventen esos emprendimientos”, concluye.

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