Desde hace más de ocho meses funciona en Tandil el Centro Universitario de Innovación Ciudadana (CUIC). José Marone, coordinador del espacio, charló con ENE sobre esta nueva forma de crear. El rol del ciudadano, el cambio de modelo productivo y por qué resulta fundamental trabajar de forma cooperativa, colaborativa y abierta.

El ciudadano como actor clave en la búsqueda de soluciones para sus propias problemáticas. Con esa premisa como base surgió en Tandil, hace más de ocho meses, el CUIC, un Centro de Innovación Ciudadana Impulsado por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicén). Coordinado por José Marone, Secretario de Extensión,  este novedoso espacio busca mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, democratizar la tecnología y hacer partícipe al ciudadano a través del trabajo cooperativo, colaborativo y abierto.

“La estructura que tenemos hasta ahora, y que queremos seguir desarrollando, es la de un banco de ideas de la ciudad. Que vengan personas, grupos o colectivos con sus problemáticas. Si vemos que hay más personas con esas problemáticas, se larga una convocatoria abierta a ideas para resolverla”, detalló Marone en diálogo con ENE. Además, explicó que no se trata de espacios necesariamente físicos, que no reciben financiamiento y que el CUIC es más bien “un marco teórico, una forma de hacer las cosas”. En estos meses de trabajo, son varios los laboratorios que se pusieron en funcionamiento: hay centros dedicados a la eco agro tecnología, a la impresión 3D, a los videojuegos, a los ladrillos hechos con material reciclable e incluso se formó uno de robótica educativa. “Queremos solucionar problemas a colectivos de personas”, completó.

Un cambio de paradigma.

De forma muy breve, Marone explicó el concepto del espacio desde lo teórico. El modelo sobre el cual exclusivamente se generaba innovación era de triple hélice, y estaba dado por el Estado, las empresas y las universidades. Desde la conjunción de esos tres entes se generaba innovación tanto para los privados como para el Estado. Con el advenimiento de Internet y las técnicas digitales entre otros avances, aparece en escena el ciudadano de a pie. “Antes, cuando tenías una problemática, acudías a la universidad, al Estado o a una empresa. Ahora te metés en internet y encontrás gente en cualquier parte del mundo con las mismas problemáticas”. Poder acceder a esa información es lo que diferencia al modelo del pasado con el actual. “El nuevo modelo que aparece en escena es el de cuádruple hélice, donde se involucra el ciudadano con su capacidad de crear, de pensar una solución y de entender que leyendo puede aportar a las otras tres partes. En consecuencia, también cambia la metodología”, explica Marone. La idea del CUIC, entonces, es trabajar y hacer metodología con problemáticas de la región haciendo partícipes a los ciudadanos y aceitar ese mecanismo tomando como ejemplo casos europeos como el de Medialab Prado o LAAAB, dos experiencias españolas.

-¿Cómo funcionan estos espacios que ya están establecidos?

-En Barcelona y en Madrid -lugares en donde se animan a mezclar más la parte cultural y artística con la parte más de investigación- hay un par de centros muy particulares. Uno de ellos se llama Medialab Prado. Es un instituto grandísimo que ya es autosustentable y que tiene un montón de laboratorios adentro de prototipado. El concepto que yo siempre uso y que saqué de Antonio Lafuente (N. de R. Investigador español y parte de los Laboratorios Ciudadanos), uno de los principales motivadores de esto, es el de “espacio de prototipado de comunidades”. No es un espacio para hacer proyectos o resolver problemas, sino que se trata de prototipar comunidades con ideas nuevas. Entonces, alrededor de un problema se genera una pequeña comunidad que sabe y entiende de ese problema y que lo resuelve como un objeto puntual, para luego esa comunidad queda armada.

-¿Para seguir funcionando con otros proyectos?

-Claro. Se atraen a las personas que tienen una misma idea, y ganas de trabajar sobre algo. Hay varios proyectos, varios tipos de espacios diferentes y varias metodologías. Una de esas metodologías es la de armar laboratorios internacionales que son itinerantes, como por ejemplo los laboratorios de innovación ciudadana. El año pasado se hizo el LABICAR (Laboratorio de Innovación Ciudadana Argentina). Se postularon 410 proyectos a nivel internacional con la idea de solucionar problemáticas de alguna temática particular. Se plantearon las problemáticas y luego se hizo una convocatoria de voluntarios para resolverla.

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-Es decir que se convoca a cualquier persona interesada en el tema.

-Claro. Es más, se trata de buscar que las problemáticas sean de los ciudadanos. A veces los problemas de un pequeño colectivo de personas quedan invisibilizados, pero si te vas a escala mundial, toda esa suma de colectivos es un montón de gente que tiene esas mismas problemáticas. Y una característica muy importante de esta filosofía es que es abierta: todo el proceso de desarrollo de la solución y lo que se resuelve -o no, o está en una etapa intermedia- es público, está en internet. Cualquiera se puede bajar los planos ya sea de un aparato que se está haciendo o de una ordenanza para modificar una ley. Porque no es solamente tecnológico. Yo vengo de Exactas y por ahí le estoy más metido con la parte tecnológica, pero hay espacios por ejemplo de periodismo de datos o de innovación democrática en otros lugares con otras Facultades.

-El conocimiento queda abierto.

-Sí. Si vos si te querés sumar a algún grupo, podés. Y a su vez si querés ver cómo se hizo determinado proyecto también podés. Si entrás a la página de Labicar vas a encontrar los diez proyectos que ganaron. Hay más de 100 personas trabajando allí. Uno de ellos es una silla de bipedestación para personas con parálisis que si la querés comprar sale 5 mil dólares pero si utilizas los moldes y los planos del proyecto –que están compartidos- podés hacerla por 500. También hay una plataforma de votación basada en Blockchain, una tecnología que permite que no se fragüen los datos y que está disponible. Entonces si querés hacer una votación en un club, te podés bajar la plataforma.

-Es decir que estos espacios hacen partícipe al ciudadano y brindan soluciones a la sociedad.

-Sí. Son espacios colaborativos, cooperativos y abiertos. Y la gente puede colaborar con idea sin tener que cargar con el peso de la resolución. Nosotros lo que estamos armando con el CUIC es un espacio sin presiones, porque la gente que viene a colaborar viene de voluntario, entonces no podemos decir “esto en dos meses tiene que salir”. Lo primero que preguntan todos cuando llegan es “¿Y con qué financiamiento se trabaja?”. No hay financiamiento. Algunos de los proyectos que hicimos, el de la papatrónica por ejemplo, lo pagamos de nuestro bolsillo porque nos pareció que era una buena idea. Y el objetivo era ayudar a pequeños productores.

-La idea no es lucrar con los proyectos.

-Muchas personas nos suelen decir “si generás una innovación tendrías que patentarlo”. Hay una lucha con eso. Nosotros estamos corriendo lo que se llama la cuarta revolución industrial. Hay unas tasas de innovación muy aceleradas, entonces la única forma de ir a la velocidad de las tasas de innovación que te propone la revolución en la que estamos metidos es dejar abierta la información. Si vos te cerrás vas a ganar un tiempo pero de pronto te van a superar, no vas a poder acelerar. Es difícil entender que hay proyectos en los cuales las patentes están bien, por ejemplo aquellos donde hay que hacer una inversión tremenda para ver si el producto va a funcionar. En esos casos no hay Estado, no hay Centro de Investigación que banque. Ahí es cuando aparece el privado diciendo, “yo invierto pero quiero tener una tasa de vuelta”. Estamos en un modelo capitalista, hay que aceptarlo, las cosas funcionan así. Pero hay otras cosas que sí se pueden no patentar. Simples o no. Un ejemplo es Google. Todos los códigos, toda la infraestructura de Google está disponible en openSUSE para que cualquiera se lo baje y haga lo mismo que hace Google. ¿Por qué nadie lo hace? porque no puede competir contra Google. ¿Hacer lo mismo y siempre estar atrás? No. Google va adelante porque deja todo libre. Es un cambio de filosofía que va a llevar cinco o diez años más.

-El CUIC se basa en esa filosofía.

-Sí. Hay que entender que hay que ser cooperativo. Nos pasó con lo de la papa. Nos dijeron mucho “¿Por qué no lo dejan cerrado? Es una buena idea”. Y yo lo que digo es que si lo hubiésemos pensado cerrado no lo hubiéramos hecho porque no hubiéramos conseguido la gente. No existiría. Se generan las cosas porque son abiertas. Es más, hemos hecho modificaciones a partir de gente que leyó nuestra página, donde está escrito, y nos hizo recomendaciones. La gente, cuando le dejás las cosas abiertas, se copa. Es un cambio filosófico. No es fácil aceptar. Pero es hacia donde se va y funciona bien en otros lados.

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-¿Cómo funciona el CUIC? ¿Cómo llega el ciudadano?

-La estructura que tenemos hasta ahora, y que queremos seguir desarrollando, es la de un banco de ideas de la ciudad. Que vengan personas, grupos o colectivos con sus problemáticas. Si vemos que hay más personas con esas problemáticas, se larga una convocatoria abierta a ideas para resolverla. Y después de que se tienen las ideas se hace una convocatoria de voluntarios con estas ideas. “Tenemos estas ideas, vamos a juntarnos tal día, hagamos un hackaton y vemos cómo podemos ir avanzando, que participen los que propusieron las ideas, los que quieren ser voluntarios”. La idea es generar encuentros dinámicos, abiertos y muy informales.

-Y ahí van surgiendo los proyectos.

-Es sentido común, como todas las cosas que funcionan en la vida. Y el objetivo es formar grupos interdisciplinarios, multidisciplinario. Sacarnos el peso de la mochila de la estructura, romper un poco con eso. Y que se entienda que tampoco es algo que se tiene que solucionar sí o sí. Hablemos, hagamos comunidad. Entendamos el problema. Y vamos por ese lado.

-En Tandil, ¿qué instituciones participan?

-El CUIC es un centro que está formalizado en la Facultad de Ciencias Exactas, pero cuenta con el apoyo del CICE y el aval del resto de las unidades académicas. Es un Proyecto de Investigación Orientado de Conicet (PIO). La Unicén y la Secretaria de Ciencia y Tecnología hace un tiempo que propone esta idea de hacer proyectos de investigación más aplicados, más cerca del territorio. Yo planteé esta temática y el PIO me aporta un capital, pero lo más interesante es el grupo de investigación. El CIUC cuenta también con el apoyo del rectorado, el Municipio, la Secretaria de Desarrollo Local y el Club de Emprendedores. Todos tienen una vinculación estratégica, son parte del PIO. Por su parte, la Cepit avaló la etapa anterior, la creación de un FABLAB (espacio no formal de educación), que es otro espacio. El FABLAB es un espacio parecido pero para un entorno más productivo. El CUIC tiene una idea más social, de resolver problemáticas sociales.

-¿Por qué incluir al ciudadano?

-Esa es la filosofía del CUIC. No puede no incluirse. Lo que se quiere es aprovechar el saber del ciudadano. Esa es la clave, la palabra saber. Creer que estas tres instituciones tienen el conocimiento del mundo es un error. Es el ciudadano el que tiene el saber de la problemática que lo atañe. Entonces está ligado a la extensión en la investigación aplicada. Por eso lo interesante es que el ciudadano participa, es parte. Y no sé si no es líder.

-Tandil tiene una escala interesante para este modelo de cuádruple hélice.

-Tiene escala para hacerlo. Y una Universidad como respaldo. Si aparece una problemática puramente social se puede hablar con gente de Humanas. El CUIC está abierto a todos. Por ahora todos los laboratorios que se van proponiendo tienen que ver con tecnología, con matemática, con distintos tipos de disciplinas dentro de Exactas. Pero ya estamos avanzando en el tema ambiental, por ejemplo. Ya hablamos sobre hacer un laboratorio de ambiente. En el caso de la Papatrónica, vino un ingeniero agrónomo desde Balcarce porque le gustó la idea y es quien coordina el espacio. Y así van saliendo las cosas. Hay que animarse por ahí al caos también. Hay laboratorios que andan re bien, que tienen ideas y liderazgo y hay otros que tuvieron la idea, arrancaron y están ahí.

-¿Qué expectativas hay a futuro en relación al CUIC?

-La idea es que se empiece a entender la filosofía porque todavía cuesta mucho. Cuesta entender que podes venir sin saber nada, que no tenés que necesariamente aportar una idea sino que alcanza con que te guste el entorno. Venir a armar comunidad. ¿Por qué? Porque esto puede estar dentro de diez años y podés ser parte, ser un actor social clave. Y formar esas distintas comunidades no ancladas en un lugar físico. Hoy en día los grupos se juntan de forma virtual.

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