Con la convicción de que es imposible escindir la igualdad de género de la búsqueda de una sociedad más justa, Josefina Marcelo, Licenciada en Economía por la UNLP, integrante del Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica y docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNICEN, charló con ENE sobre Economía Feminista.

La igualdad de género es una cuestión que, desde la política pública, cualquier persona que se diga promotora de la igualdad social tiene que discutir”, explica Josefina Marcelo, Licenciada en Economía por la UNLP, integrante del Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica y docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNICEN. Para conocer más sobre este estudio crítico de la Economía, ENE entrevistó a la especialista, quien explicó, entre otras cosas, de qué se trata esta mirada, por qué en la actualidad tomó más fuerza y qué políticas económicas debería incluir cualquier Gobierno para alcanzar una sociedad más justa.

 

-¿De qué hablamos cuando hablamos de Economía Feminista?

-Hay varias acepciones o conceptos sobre Economía Feminista. En principio es una mirada crítica dentro de todas las teorías que conforman a la Economía como ciencia social. Es crítica en el sentido que discute con la concepción tradicional que hay de la Economía en la academia que habla, en general, de modelos basados en el homo economicus. Y discute académicamente y en todos los sentidos -en la macroeconomía, la microeconomía, etc.- la perspectiva androcéntrica, siempre centrada en el punto de vista del hombre. La Economía Feminista además agrega información sobre lo que tradicionalmente no se llama Economía pero que hace, según la mayoría de las teóricas feministas, al funcionamiento de todo el sistema económico. Y por último, me gusta mucho una definición que hace Corina Rodríguez Enríquez que dice que no es solo un programa académico, que no pretende solamente discutir Economía en la academia, sino que por ser feminista es un programa político que pretende ir más allá, transformar el sistema. Busca, como cualquier feminismo, romper con el patriarcado y de alguna forma el capitalismo en su forma profunda de construcción.

 

-¿Cuándo comienza a tomar forma?

-En los ’90 cuando se arma la Asociación Internacional de Economía Feminista, aunque también tiene un montón de variantes internas. Y hay debates constantes al interior. No se trata de un movimiento homogéneo, y eso me parece que también es muy enriquecedor. No es la economía marxista, o la keynesiana, o la neoclásica, que están armaditas y cierran por todos lados. En la Economía Feminista hay variaciones porque también está en construcción.

 

-¿Cuáles son los postulados más importantes?

-Básicamente, la Economía Feminista debate en varios puntos que hacen a la construcción del sistema general. De todas maneras, hay diferencias entre las distintas corrientes y de hecho hay críticas entre esas posturas. Lo más básico, lo que muchas economistas analizan desde algunas concepciones más neoclásicas, son las brechas de género. Lo que hicieron fue tomar las estadísticas de trabajo y decir que las mujeres cobran menos, que las mujeres están en ciertas áreas laborales… empezaron a dar esos debates pero no a profundizar en las razones de ese fenómeno, que están más atrás. Y muchas de las economistas feministas más actuales, digamos, están dando un debate grande sobre lo que denominan “sostenibilidad de la vida”: discuten que la economía no es nada más que la definición tradicional, que tiene que ser para que haya una vida sostenible tanto en términos económicos como en temas de género y también ecológicos. Dan el debate también de la sostenibilidad de la vida a nivel ecológico, de los recursos, y hablan de vidas que merecen ser vividas. Van más allá. Incluso, en algunos puntos discuten directamente una nueva sociedad.

 

-Se paran a mirar la realidad desde otro lugar.

-Sí. No agregan solamente ítems como la igualdad. Tienen otra cosmovisión. Y esto no quiere decir que un montón de veces los primeros pasos deban ser discutir esos ítems porque las realidades del trabajo son ahora, las política de Estado son ahora. Este es el Estado que tenemos. Pero a la vez es fundamental visualizan otras cuestiones más profundas.

 

-¿Por qué crees que aparece hoy más fuertemente?

-Creo que hay una ola feminista internacional, ¿no? Quienes teorizan sobre esto le dicen la cuarta ola. Acá en Argentina y por los espacios que conozco, tomó bastante fuerza y relevancia a medida que también creció bastante el feminismo de la mano del #NiUnaMenos. Por ejemplo, uno de los portales más famosos sobre Economía Feminista, que se llama “Economía Femini(s)ta” y lo lleva adelante la economista Mercedes D’Alessandro junto con otras chicas, se armó cuando estaba surgiendo el primer #NiUnaMenos. Y después, la realidad es que ya en las primeras movilizaciones que hacen las sufragistas, en el siglo 19, se discutían temas que hoy diríamos que son de economía feminista, como las cuestiones salariales. Se planteaban que trabajaban en la misma fábrica que los hombres y ganaban menos. Es decir, hay debates que están en la agenda de los feminismos desde ese entonces, pero tomaron un nuevo impulso y en nuestro país se dio ahora. Estos debates en los países centrales o desarrollados tuvieron fuerza durante los ‘70 y los ‘80 en la tercera ola feminista. Silvia Federici, una activista, escritora y profesora italiana de esa época que leemos mucho en Economía Feminista, fue una de las que en su momento aseguró que el trabajo doméstico no es amor. Su frase era “trabajo no pago”, y hasta discutió si había que remunerarlo. Así que los planteos actuales no son nada nuevos.

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-¿El debate de la Economía Feminista se dio previamente en países más desarrollados?

-Sí. Claramente hubo otros avances en torno a la inserción laboral de las mujeres en esos países. Acá como que siempre venimos un poco atrás. De todas formas, no necesariamente los cambios o movimientos tienen las mismas características. No son lo mismo los feminismos latinoamericanos e incluso los indígenas que los europeos. Hay mucho debate sobre eso. De todas formas creo que este nuevo auge viene de la mano del auge del feminismo en general, y que muchas lo veíamos o lo intuíamos pero recién en 2015 nos empezamos a juntar y a darle entidad.

 

-¿Por qué creés que es necesario pensar la economía desde esta mirada feminista?

-Porque aporta un montón de cosas que la mirada tradicional sobre la economía no. En Economía Feminista se usa mucho la metáfora del iceberg. Un iceberg es un bloque entero pero en realidad uno ve solo un pedacito. La Economía Feminista habla del iceberg de la sostenibilidad de la vida. ¿Y qué es? Lo que tradicionalmente se llama economía es solamente la puntita de arriba. En general cuando hablás de economía, ¿de qué hablás? O en los diarios, ¿qué se dice? Negocios, dinero, bancos, Gobierno, finanzas, trabajo, macroeconomía. Se ven todas esas cuestiones, y en general son ámbitos en donde predominan los varones. La Economía Feminista lo que incorpora es que en realidad todos esos trabajos aquello que está visibilizado se sostiene por una gran cantidad de trabajo que está invisibilizado y que está a la espalda de las mujeres. Lo que denominan trabajo de cuidados o trabajo reproductivo. Lo que la Economía Feminista comienza a aportar es que por más que digan que no es nada, que no se ve, que no se remunera y no se reconoce, no es poco y es fundamental. Está naturalizado que una hace las tareas domésticas y que las hace porque sí, pero no se pone a pensar en que de esa forma sostiene al sistema capitalista, sostiene a todo. ¿Por qué? porque sin cuidar en el sentido amplio de la palabra y sin reproducir la vida de quienes después van a ser trabajadores para el resto del sistema, no habría sistema. Además, esas diferencias son las que explican después las diferencias en el mercado laboral. Ahora por ejemplo se busca crear una ley que diga que las mujeres tienen que ganar lo mismo que los hombres, pero con una ley no se resuelve nada porque las razones de la desigualdad están más atrás y son más profundas. Es el sistema que hace que la mujer se quede en la casa criando a los hijos o teniendo una doble o triple jornada laboral, o que cuando sale finalmente de nuevo al mercado laboral no esté en las mismas condiciones que sus colegas varones. Por esos aportes la Economía Feminista es necesaria.

 

-Para luchar por cambiar el sistema.

-Muchas de las economistas feministas están discutiendo el rol sistémico de todo, incluso hasta con vertientes de izquierda, que dicen que la contradicción principal es la de capital/trabajo y que los explotados son toda la clase obrera. ¿Qué agregaron las feministas? Que las explotadas también son las mujeres en sus casas. Discutir eso es clave porque podés transformar el sistema y podés hacer una sociedad de iguales en el trabajo, pero si no modificás las raíces de la desigualdad en el hogar va a seguir habiendo opresores y oprimidas. Este tipo de debates son importantes, y creo que son los que están revolucionando hoy por hoy casi todos los movimientos. Fijate lo que hizo el feminismo con -por ejemplo- la Ley del aborto: está siendo transversal a casi todos los partidos. Hoy todos debaten a su interior cómo construyen, cómo hacen sus prácticas concretas entre compañeros. Esto atraviesa todo.

 

-¿Qué pasa con la Economía Feminista en la Academia?

-Yo creo que está empezando una pequeña revolución ahí. En la economía como ciencia todavía cuesta. De hecho en la mayoría de las carreras no hay nada. Por lo que conozco, en la UBA hay una catedra libre sobre Economía Feminista y ahora unas compañeras me contaban la buena noticia de que en Córdoba se está por abrir. Después, algunos docentes en algunas cátedras incluyen algún debate, pero queda librado a la voluntad de quien está en ese momento haciendo eso. En los programas no abunda. Todavía hay bastante resistencia.

 

-¿Qué políticas económicas debería llevar a cabo el Gobierno para hacer Economía Feminista?

-En principio esto que te contaba del iceberg, de lo visible y lo invisible, lo productivo y lo reproductivo. Hacer algo en relación a la división sexual del trabajo. ¿Qué quiero decir? Está naturalizado que quienes hacemos tradicionalmente los trabajos de cuidado somos mayoritariamente las mujeres, y las estadísticas así lo demuestran. En Argentina, por ejemplo, en la última Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo (realizada por el INDEC durante el tercer trimestre de 2013) cerca del 90 por ciento de las mujeres declararon hacer alguna actividad de cuidado, que puede ser desde cocinar hasta lavar, limpiar, hacer las compras, ir a buscar a los chicos, ayudarlos en las tareas, bañarlos y/o acostarlos. Todo. Y este ítem incluye el cuidado de adultos, que un montón de gente no lo considera y es trabajo. Los varones que declararon hacer alguna de estas actividades no llegaron al 60 por ciento. Ya ahí hay una gran brecha. Tenés un 40 por ciento de varones que declararon que directamente no hacen nada. ¿Eso qué te muestra? que no es un caso aislado, que hay una cultura patriarcal que le asigna a las mujeres ese tipo de trabajo, que naturaliza que es nuestro, que nos corresponde. Eso es lo complejo para pensar cómo incidir desde la política, porque claramente son cuestiones culturales que están arraigadas históricamente.

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-Por eso es complicado modificarlo con una ley.

-Claro. Sin embargo, eso no quiere decir que no haya políticas que puedan llegar a romper un poco con ese sistema.

 

-¿Por ejemplo?

-Por ejemplo las leyes de cupo si hablás de lo laboral. Podés hacer leyes que impidan las desigualdades salariales pero en general la brecha salarial no se explica solo porque uno cobra diferente del otro sino porque en general las mujeres estamos insertas en trabajos que se pagan menos y, a su vez, dentro de esos trabajos estamos en los de escalafón más bajo. Por eso en promedio ganamos menos. Si ponés cupos en ciertos espacios, como se hace en la política… Hay mucho debate sobre esto, incluso dentro del feminismo. Algunas están en contra de los cupos en la política, pero históricamente se demostró que en países donde se aplicó ese cupo las mujeres lograron espacios de visibilidad y a la hora de hacer política piensan en su propia realidad y en su propias congéneres. Después podés brindar capacitación o estímulo a cierto tipo de carreras que tradicionalmente están masculinizadas: impulso a mujeres científicas por ejemplo. Y en relación a los cuidados, ahí es donde más se puede hacer. Las estadísticas demuestran que por más que todas las mujeres hacemos ese trabajo, no es lo mismo una mujer blanca de clase media, profesional, con trabajo y estudios universitarios que una mujer de un pueblo originario en el interior sin estudios con cinco hijos. La brecha de género claramente no nos pega igual a todas las mujeres. Eso es algo que también discute Corina Rodríguez Enríquez: que la desigualdad de género es vector de reproducción de desigualdades sociales. Mientras existan esas desigualdades, más se reproducen, y las más afectadas van a ser las mujeres pobres, sin estudios, jóvenes, etc. ¿Por qué? Porque esa mujer quiere salir a trabajar, pero tiene cinco hijos y no tiene el dinero para que alguien los cuide. Entonces, si vos como Estado ofrecés servicios de cuidado públicos de adultos y de niños estarías resolviendo una de las desigualdades más grandes. Quien tiene plata paga una niñera o manda a sus hijos a un maternal, y quienes no, no pueden salir a trabajar, ni tener ingresos, ni lograr una autonomía económica.

 

-Y ahí estarías trabajando en la base. 

-Sí. Otro ejemplo son las licencias. Países que aplicaron licencias por paternidad demostraron que se disminuyen las brechas de género. ¿Por qué? ¿Qué pasa acá? las mujeres tienen, en la mayoría de los casos, tres meses. El varón, creo que ahora está en debate, en la mayoría de los lugares tienen tres días. Al margen de las diferencias que se generan en el vínculo con el niño, en la práctica concreta si sos un empleador o un empresario vas a elegir contratar siempre a un varón porque la mujer no solo que va a faltar los tres meses de licencia sino también cada vez que el chico se enfermé o tenga que hacer algo. Esa práctica es social porque por más de que la mujer es quien pare, no necesariamente esta predestinada para cuidar. En países que homologaron las licencias, se demostró que los roles de género fueron cambiando y que disminuyó la posibilidad de discriminación a la hora de tomar a un trabajador.

 

-Esas políticas serían un primer paso. 

-Sí. Es recontra importante discutir las medidas de política económica y macroeconómica desde el feminismo. Justamente ahora, para la movilización del #NiUnaMenos, un montón de gente salió a criticar la consigna “No al FMI” que también estuvo en la marcha. Y tiene mucho que ver, porque las políticas que se promueven con los acuerdos con instituciones como el Fondo Monetario Internacional o las políticas de disciplina fiscal traen implícitas un montón de modificaciones a los servicios públicos que a quienes más golpea es a las mujeres. En lo primero que recortan en este tipo de programas es en salud y educación. En primer lugar, en esas áreas la mayoría de las trabajadoras son mujeres, por lo que desde el trabajo ya las afecta. Y después, todos esos cuidados que se recortan van a recaer sobre las mujeres. La igualdad de género nos tiene que interesar a todos, es una cuestión que desde la política pública cualquier persona que se diga promotora de la igualdad social tiene que discutir. No solo nos tiene que interesar este tema a quienes nos decimos feministas. Le tendría que interesar a cualquier persona que esté vinculada o que se dedique a la política y que esté promoviendo el bien público. En eso la Economía Feminista es muy importante.

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