El Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) se unió a la Facultad de Humanas para desarrollar el proyecto “Puntos Azules para el Reciclaje Inclusivo y la Educación Integral (PARIEI)”. Natacha Milazzo, referente del movimiento, le contó a ENE cómo surgió el programa, cuántas familias viven del cartoneo, por qué buscan que sea una política de Estado y por qué es importante que los recuperadores urbanos ingresen a la formalidad. 

Hace tres meses, la Facultad de Ciencias Humanas de la Unicén (FCH) junto a las Promotoras Ambientales de la Cooperativa de Recuperadores Tandil y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) pusieron en marcha el programa “Puntos Azules para el Reciclaje Inclusivo y la Educación Integral (PARIEI)”. Los “Puntos Azules” son lugares de acopio de materiales reciclables destinados al reciclaje inclusivo. Los residuos, que incluyen papel, cartón, botellas plásticas y tetra packs, se recolectan en unos recipientes elaborados por los integrantes de la cooperativa. Esos materiales son luego procesados por cartoneros y cartoneras que viven de la recuperación y venta de materiales. Natacha -Chachi- Milazzo, referente del MTE charló con ENE sobre las características del programa, el cartoneo en Tandil, la necesidad de que se convierta en un trabajo formal y el objetivo de convertir el reciclaje inclusivo en una política de estado. 

-¿Cómo surgió el programa?

-El programa surge en base a una experiencia previa de articulación entre el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y la Universidad Nacional de la Plata. La primera articulación acá en la ciudad la pudimos hacer con la Facultad de Ciencias Humanas, empezamos a pensar el proyecto durante el año pasado, y a principios de este año empezó a caminar. Si bien este primer paso lo dimos con la FCH nuestra idea es que el programa abarque todas las facultades y demás dependencias de la Universidad. Ya en este momento estamos trabajando esquemas de Puntos Azules también con algunas escuelas, orientando el trabajo a la concientización de la niñez y juventud.

El programa cuenta con varias partes y etapas, tal vez una de las patas más interesantes del programa sea la de educación ambiental en manos del cuerpo de promotoras ambientales, que son principalmente mujeres cartoneras y son las que van a compartir su conocimiento sobre reciclado con los distintos actores de la universidad: administrativos, personal de limpieza y alumnos. En esos talleres que compartimos, no solo se habla del reciclado y el rol fundamental que juegan los recuperadores urbanos en el mismo, sino también de la economía popular, de los derechos no garantizados de los trabajadores de este sector de la economía… es una forma de mostrar que hay una muy importante porción del conjunto de trabajadores a los que a veces ni siquiera se los reconoce como tal.

 -¿Qué podés destacar de este intercambio?

-Este intercambio que se viene dando es muy interesante, por distintas razones, y para las distintas partes intervinientes. Por un lado para las compañeras promotoras, por el desafío que implica pararse y hablar y compartir su conocimiento frente a esta comunidad universitaria. En algunos casos son compañeras que están finalizando sus estudios primarios y que incluso ha sido la primera vez que pisaron una universidad, y la pisan yendo a enseñar lo que saben en base a su trabajo cotidiano. Hay un proceso de valorización de esos saberes que es muy interesante. Por otro lado para la universidad también es interesante desde el punto de vista de poder incorporar otras miradas, trabajar con otros sectores sociales, que de por sí ya lo hacen desde otros proyectos, pero este es puntualmente el que permite el vínculo con el sector de los recuperadores urbanos.

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-¿Qué es el reciclaje inclusivo?

-Nosotros entendemos que el reciclaje inclusivo se vincula a la idea de que toda la sociedad en su conjunto, y lo que son encargados de delinear la política pública tienen que asumir un compromiso activo con el cuidado del medio ambiente, pero que esto debe hacer necesariamente con todos aquellos trabajadores que han encontrado en el reciclado su forma de subsistencia. Hay que entender que este proceso no necesariamente nace de una conciencia de que había que asumir el compromiso de reciclar, sino más bien de una necesidad mucho más básica y directa que es poder poner un plato de comida en la mesa familiar. Esto surge más bien en procesos individuales, sin demasiada organización, y eso es lo que se ha ido transformando en este sector de laburantes, se fue entendiendo que con organización y luchando se podían alcanzar conquistas laborales y se podía apuntar a mejorar las condiciones de su trabajo, y acá si este proceso también viene de la mano de ir incorporando más fuertemente la idea de que ese trabajo no solo banca la olla en el hogar, sino que también se da un servicio a la comunidad, y se cumple con un rol fundamental en este mundo en el que vivimos, que es el cuidado del medio ambiente.

Y en este último cambio de autopercepción también se comienza a entender que si hay un servicio a la ciudad, este servicio debe ser reconocido por el Estado. Nosotros entendemos que ninguna política pública de reciclado, en cualquiera de sus niveles, no tiene que ser pensada ni aplicada sin tener en cuenta como actor central a los recuperadores urbanos.

 -¿A cuántas familias da trabajo?

-La cooperativa actualmente está conformada por alrededor de 60 recuperadores urbanos, en la misma hay 3 sectores que se pueden delinear, que son los compañeros que recolectan materiales por las calles de la ciudad, los compañeros que recuperan materiales en el relleno sanitario de la ciudad y las promotoras ambientales. Todos a su vez cumplen tareas en el espacio común de la cooperativa procesando los materiales. En este momento estamos empezando a reunirnos por sectores para plantear planificaciones e ideas concretas según las necesidades que van surgiendo de los mismos espacios y como organizarnos para poder resolver esas necesidades.

-¿Qué se hace con el material recuperado?

-El material recuperado se procesa en el centro de acopio, donde se clasifica y se enfarda. La idea principal de esto es poder hacer ventas colectivas, que permitan un mayor volumen y acceder a mejores precios de venta para cada compañero. En el caso de nuestra ciudad y de nuestra cooperativa, la posibilidad de vender a las industrias que requieren esos materiales, permite la incorporación de reciclables que hoy día no tienen comprador a nivel local, como es el caso de los plásticos y el tetrabrick, es decir que no solo se puede aumentar el precio de venta, sino también generar nuevas fuentes de ingreso.

-¿Cómo influye el contexto de crisis?

-En el caso del sector de recuperadores urbanos es algo que los compañeros vienen sintiendo fuertemente, porque al haber menos consumo hay menos materiales reciclables, esto lo dicen los mismos compañeros, los negocios no abren cajas de productos por la disminución de las ventas y eso impacta directamente en que haya menos cartones para reciclar (y así todo el resto de materiales), tienen que hacer recorrido muchos más extensos para poder juntar la misma cantidad de material. A esto se le puede añadir que a su vez, ante la falta de trabajo, más personas se vuelcan a la actividad de cartonear, es muy claro que cuando este sector de la economía crece, es porque las cosas no andan muy bien. Resumiendo, hay menos materiales y hay más recuperadores, y eso da un panorama bastante complicado. Es por esta razón que el desafío que se nos presenta y es en lo que estamos intentando trabajar es en aumentar el volumen de materiales reciclables haciendo que la gente que no hace separación de materiales, comience a hacerlo, además de la mejora en el precio de venta, de esta manera se puede contrarrestrar un poco el impacto. Otra cuestión central es la de la inflación, que afecta a todos, pero en el caso puntual de los recuperadores urbanos, se ve gravemente afectado por la suba de precios en los productos alimenticios. Si bien el precio de algunos materiales ha subido en el último año, está muy lejos del porcentaje en que han subido los alimentos. En una cotidianidad de economía de subsistencia la situación es realmente preocupante.

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-¿Cuál es el impacto del programa en la sociedad?

-Una parte del impacto tiene que ver con lo mencionado anteriormente, sumar ciudadanos que no realizaban separación de materiales y que empiecen a hacerlo es una mejora muy importante para el sector. La parte formativa, de educación ambiental que se realiza desde el cuerpo de promotoras ambientales tiene un objetivo claro, que va más allá de enseñar como separar, sino de poder trasmitir el mensaje de que esos materiales que cada uno puede separar para ser recuperado tienen un impacto en la calidad de vida de laburantes, hay un bolsillo que se ve afectado de manera positiva. Es ahí donde nosotros intentamos trasmitir la dimensión social del reciclado, por una parte está el cuidado del medio ambiente (que es un tema central a trabajar y transformar hoy día), pero también está el impacto en un grupo de trabajadores y el acceso o no a derechos laborales. El reconocimiento del servicio y trabajo que realizan los recuperados es un elemento más para poder exigir al estado el cumplimiento de esos derechos.

-¿Cuál es el balance de este tiempo de trabajo?

-Creemos que el balance es positivo, si bien queda mucho por hacer. Ha llevado mucho trabajo y esfuerzo llegar al lugar en el que hoy nos encontramos, de arranque nos llevó un año de negociaciones con el estado municipal el pago de un subsidio para poder tener un espacio de acopio y donde procesar los materiales. Una vez que logramos eso pudimos empezar a avanzar en otros proyectos, como es el de Puntos Azules, con la Facultad y con las escuelas. Cada vez es más la gente que se acerca a dejar sus materiales, y espacios que nos convocan para trabajar de conjunto. Pero sabemos que nos queda un largo recorrido por transitar, sabemos que el proyecto tiene mucho potencial, nuestro objetivo es que haya una política municipal de reciclado, que incorpore a los recuperadores urbanos, y no de cualquier forma, sino con sus derechos laborales reconocidos. En nuestra ciudad queda muchísimo por hacer en relación al tratamiento de los residuos sólidos urbanos, y nosotros queremos ser parte activa del delineamiento e implementación de esa política pública. El relleno sanitario de la ciudad está muy cercano a su límite de capacidad, por tanto creemos que es urgente la implementación de una nueva política de gestión de RSU, que sea pensada desde una perspectiva inclusiva.

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