Nina Pizzas: Cocina con amor

Bernardo Cisterna y Manuela Arecha se conocen desde chicos. Pasaron años sin verse. Y los mágicos caminos de la vida hicieron que se re-encontraran cuando él estaba dejando su profesión de abogado para incursionar en la cocina. Para ese entonces ella ya era cocinera. Así comenzó en Tandil su relación. Coincidían en el deseo de viajar y descubrir la cocina de otras latitudes, lo que los condujo por diferentes destinos, Nueva Zelanda, España, Italia, Tailandia, Albania y Dinamarca. Una historia de amor que con el tiempo derivó en la creación de Nina Pizzas. La pandemia y el nacimiento de Río, los hizo volver al terruño.

Los sabores del mundo en una cocina móvil
Los sabores del mundo en una cocina móvil

Cocina por el mundo: Itinerario gastronómico

Manuela y Bernardo consumaron su deseo primigenio de viajar y recorrieron distintos lugares, lo que les permitió nutrirse de múltiples influencias gastronómicas. Manuela recuerda cada lugar que influyó decisivamente en los sabores de su cocina.

“Arrancamos en Nueva Zelanda, ahí trabajamos los dos en diferentes restaurantes. Mucho de ese tiempo lo hicimos en restaurantes de viñedos, en el mismo lugar donde se producía el vino, así que eso nos permitió aprender bastante acerca de lo que es la viña y la producción de los vinos. Allí hay mucha influencia de la cocina asiática, y la verdad que como en Nueva Zelanda no tienen bien marcado el estilo de gastronomía, sino que es más bien una mezcla, dependía de en qué lugar estabas, el chef de qué país era, porque todos los chef son extranjeros, y tenían influencia de diferentes partes, así que fue bastante variada y enriquecedora esa etapa” comenta.

“Después estuvimos también en España, en Menorca, que es una de las islas que queda enfrente de Barcelona, donde trabajamos en un restaurante. Aprendimos bastante lo relacionado con mariscos, paellas, tapas, todo lo que es bien catalán, porque es una isla que es parte de Cataluña, y tiene mucha influencia de todo lo que es la comida catalana”.

“Por otro lado también estuvimos en Italia, Sicilia, donde descubrimos todo lo concerniente a la gastronomía italiana, mucho productor de huerta, mucha cocina casera de cocina de abuela, mucha aromática, con mucha influencia de los árabes, así que había bastantes cosas entremezcladas”.

“Estuvimos también en Tailandia, y ahí nos encontramos con otra cosa, totalmente  diferente, y nos empapamos comiendo la calle, porque comían mucha comida callejera. De esa etapa incorporamos otros sabores, como por ejemplo, la leche de coco, mucho jengibre, muchas especias, comidas picantes, muchos picantes. Ahí empezamos a full a incorporar esos sabores y le dimos una vuelta de rosca a lo anterior. Nos encantan”.

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“También fuimos a Albania, adonde conocimos mucho sobre los quesos de cabra, comida mediterránea, aceite de oliva, y todo ese tipo de sabores”.

“Además vivimos en Dinamarca, con una familia danesa a quienes les cocinábamos y ahí incursionamos, mucho más que en la cocina tradicional danesa, que por supuesto incorporamos, en lo que era comida libre de gluten y vegetariana porque consumían todo agro ecológico, esa experiencia estuvo buenísima”.

Cocina móvil

Bernardo destaca el valor de este tiempo compartido que les ha regalado paisajes, vínculos, identidades lugareñas y los sabores de la cocina del mundo. “Siempre nos hizo ilusión la idea de tener una cocina que se pueda mover, así que decidimos aprovechar este tiempo para reciclar esta casilla.

Originalmente era para pasear, y la adaptamos con ayuda de Walter de Punto Trailer, que está en Ruta 226, que es un emprendedor de Tandil, que supo entender un poco lo que buscábamos con esta cocina móvil. Y después la idea fue recuperar recetas de nuestras abuelas que fueron quienes nos inspiraron para poder cocinar. Quisimos recuperar cual fue el origen, y llega hasta a Italia, ahí nos perdimos, y bueno, eso es un poco el gen nuestro no? Poder mechar un poco lo que es andar con cocinar y estar cuando nos llamen”, indica.

“Nos gusta la cocina, ahora fueron las pizzas porque Nina nos pasó esta receta, pero la verdad es que nos gusta cocinar, así que podemos mechar diferentes tipos de cocina también”, agrega.

“Estuvimos haciendo un tiempo largo restaurante a puertas cerradas, y hacíamos menú tres pasos, y cocinábamos paellas, una entrada, un plato principal, y un postre. Y era muy chiquito lo hacíamos en unos carromatos que tiene la familia re lindos, y era súper privado. Y cocinamos en realidad lo que tenemos ganas, y viajar nos nutrió de recetas diferentes, nos permitió mezclar ingredientes, esa es la magia”.

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Asistencia para seguir creciendo

Recientemente Nina Pizzas recibió asistencia financiera para adquirir equipamiento. “La verdad es que con el apoyo del municipio, específicamente la Secretaria de Desarrollo Productivo, pudimos tener la amasadora de 20kg que nos dio una mano gigante para poder ampliar la producción y maximizar el tiempo, porque estábamos haciendo todo a mano, y la demanda fue creciendo y no podíamos llegar a cubrirla toda, así que estamos contentos con la capacidad de amasado que hemos logrado con esta nueva herramienta”, comenta Bernardo.

“Lo más loco es que Nina y la amasadora y poder llegar a mas gente y más casas, nos esta dando la posibilidad de hacernos una mini casita así que bueno no podemos viajar, pero estamos cumpliendo otro sueño, y pizza que vendemos, cosita que hacemos para la casita”, destaca entusiasmada Manuela.

Finalmente ambos cocineros agradecieron a “Lucho García Vargas que fue el artista que nos pintó la casita y a la familia sin cuyo apoyo del día a día no podríamos ni siquiera comenzar a pensar en emprender”.

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