Cada vez son más los espacios en la ciudad que ofrecen ropa usada a precios súper accesibles. Por qué surgieron estos espacios, quiénes son sus usuarios y cuáles son las prendas más buscadas.

Un cartel grande en Alberdi al 500 indica que allí funciona, de lunes a sábados, una feria americana. Al cruzar la puerta de entrada, la ropa lo inunda todo: jeans, camisas, sweaters, camperas… ropa de hombre y de mujer, de adultos y de niños. Daniela, su dueña, armó ese espacio hace más o menos 8 años, y allí trabaja desde entonces. A la vuelta, sobre 14 de Julio, es un maniquí el que invita a la comprar ropa usada. También allí hay prendas para todos los gustos y precios súper accesibles. Al igual que Daniela, Natalia creó la feria en un ambiente de su casa por necesidad allá por el 2012. Las dos publicitan sus espacios en las redes, como Julieta, que desde el verano de 2017 vende ropa, accesorios, calzado y cosas del hogar en Mosconi entre Nigro y Basílico. Las tres son parte de un circuito que cada vez cuenta con más puntos de venta en Tandil, físicos y virtuales, y más compradores. ¿Por qué cada vez son más los que eligen comprar usado? ¿Moda o necesidad? ¿Cuáles son las prendas más buscadas? ¿Se vende más en tiempos de crisis?

Una entrada para vivir.

Daniela tiene la feria hace 8 años. La abrió por necesidad y hoy es su principal fuente de ingresos. “No me quejo de la situación, como todo negocio, tengo días buenos y días malos. Ahora hay ferias por todos lados y es más difícil. Para vender más, hago publicidad por todos lados, en Instagram y Facebook”, cuenta, y aclara que su negocio está habilitado. “¿Vender?”, dice. “Vender es una lucha. Yo soy mamá sola, mantengo a los nenes con esto y vender, vendo para vivir, para pagar los impuestos y darle de comer a ellos”.

En el ambiente de su casa donde Daniela montó la feria hay ropa para todos los gustos. ¿Los precios? “150, 25, 30… Bien de feria. Lo más caro por ahí son 100 los jeans, 50 una remerita. La más cara, de 100 para abajo”. Dentro de los compradores, dice, “hay de todo”. Pero sus principales clientes son hombres que buscan ropa para trabajar. “Tenés de todo, pero la necesidad es el principal motivo por el que vienen a comprar… la gente viene más a buscar ropa de trabajo. Muchísimo. Más hombres. En mi feria siempre se trabajó mucho más para el varón. Para mandados, para taller, gente de campo… llevan jean, camisas, buzos. Albañiles más que nada. Y también vienen muchas las chicas que quieren salir un fin de semana y se llevan una remerita… y trabajo mucho con estudiantes, con universitarias, y con chicos del campus y de teatro”, completa Daniela.

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Efecto crisis.

En la Feria Americana de Natalia hay ropa de hombre, mujer, niños y calzado. Y el abanico de precios es muy amplio: en su espacio se pueden encontrar prendas desde 5 pesos hasta algunas de 400. También fue la necesidad, y no una moda vintage o la onda del reciclado, la que la impulsó a ingresar en el negocio de la venta de usados. “No creo que nadie en Tandil esté haciendo ferias por eso. Es necesidad. Es un ingreso, es tu trabajo, vos sos el dueño y es diferente. Vos te pones tu horario, tenés tu espacio, y es un trabajo”, dice, tajante. “Con respecto a mí. Yo encontré una salida laboral en esto. Y lo mismo el resto de las ferias de Tandil, yo conozco casi todas porque voy a todas y porque yo también me compro para mí en ferias. Nos conocemos porque nos escribimos para ver qué tenemos, qué nos sirve”. Sobre las prendas que vende, Natalia cuenta que la compra por bolsa y que la gente no suele donar, aunque cada vez hay más personas que le tocan el timbre para venderle sus prendas usadas. Y eso es una marca de época.

¿La feria también mide los tiempos de crisis? “Sí –asegura-, hoy la ropa de la feria tiene mucha salida. Está muy cara, y está difícil todo. Entonces tenés que elegir: o comes o te vestís. Para muchas personas es así. Y los precios en la feria son súper accesibles. Si tenés un nene de meses imaginate que de un mes a otro tenés que estar comprando un buzo que te salió 300 pesos, 500, no es lo mismo que pagarlo 20”, ejemplifica. La ropa de chicos, entonces, está dentro de lo más buscado. También llegan a la feria de 14 de Julio muchas personas buscando talles grandes. Y también trabajadores: “Tengo mucha gente que trabaja en obras acá cerca y vienen a buscar mucho también para trabajo. Y viene gente de todas las edades”. Si bien el trabajo siempre fue constante, Natalia identifica un momento de quiebre: “Hace un año y medio que mucha gente viene a ofrecer ropa. Y mucha más gente viene también a comprar”.

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Por las “gangas”.

Para Julieta, las ventas de la feria aumentaron desde que la modalidad empezó a “ponerse de moda” y creció la competencia. “Además, la gente evalúa donde comprar y busca mucho ferias para conseguir precios económicos”, señala. “La gente compra porque necesita cosas que si tuviera que comprar nuevas les saldría mucho más caro, o también por consumismo y por aprovechar las ‘gangas’”. ¿Qué busca la gente en su feria? Depende la estación –cuenta Julieta- pero ropa deportiva o zapatillas, jeans de hombre o de mujer, y en invierno buscan camperas o buzos en verano shorts o polleras. El público es muy variado. Muchos vienen una vez, otros muchos vuelven a venir y tenemos gente nueva que llega por medio de las publicaciones”.

En relación a los precios, Julieta explica que cuentan con prendas de 5 y 10 pesos hasta 300. “De 5 o 10 pesos vendemos ropa para el trabajo, más que nada de hombre, y hasta 300 cosas que están en muy buen estado o como nuevas o algún vestido de fiesta. En general los precios son económicos y mantenemos barato a pesar de que aumenten constantemente los artículos si los tuviera que comprar nuevos”, completa.

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