Por Silvina Fiszer

El Gobierno Nacional decidió poner fin a la moratoria previsional, una Ley que permitió a tres millones de mujeres sin aportes obtener una jubilación. Por qué esta medida, que profundiza la desigualdad social y desvaloriza el trabajo doméstico, va en contra del sector trabajador sin el cual sería imposible pensar cualquier tipo de sistema productivo.

La decisión del Gobierno Nacional de no prorrogar la moratoria previsional para las mujeres mayores de 60 años que no tienen todos los aportes, más conocida como la “jubilación para las amas de casa”, significa un contundente retroceso: no solo impacta en el sector más castigado de la economía sino que, paradójicamente, deja con las manos vacías al sector de la sociedad sin el cual el sistema capitalista sería una estructura imposible de sostener. ¿Por qué? “Porque sin cuidar -en el sentido amplio de la palabra-, sin sostener y sin reproducir la vida de quienes después van a ser trabajadores para el resto del sistema, no habría sistema”, explicó a ENE en una entrevista sobre Economía Feminista Josefina Marcelo, Licenciada en Economía por la UNLP, integrante del Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica y docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNICEN.

Si bien el proyecto de la Ley de Moratoria fue sancionado en 1995, se implementó recién en 2006 durante la presidencia de Néstor Kirchner. La ley prevé que las personas de 60 años que no cumplen con los 30 años de aportes puedan comprar años con un sistema de planes de pago muy accesible. Según datos del ANSES, mediante este mecanismo se acogieron al régimen previsional alrededor de 4 millones de personas en todo el país. El título de “jubilación de las amas de casa” responde a que la mayoría de las personas beneficiadas fueron mujeres. Según el Observatorio para la Seguridad Social, rescatan los espacios de Economía Feminista UNICEN, en mayo de 2010 del total de beneficios otorgados un 78% correspondieron a mujeres, mientras que el 22% restante a varones. Según el INDEC, se estima que las mujeres en Argentina destinan un promedio de 6 horas por día a tareas domésticas. Muchas, por lo tanto, cuentan con una doble jornada laboral, ya sea con un empleo registrado o dentro del mundo del trabajo informal, mal llamado trabajo en negro.

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Según expone el Espacio de Economía Feminista UNICEN y regional CABA en una nota publicada en LaTinta.com.ar, la determinación de instaurar la Pensión Universal que tomó el gobierno de Cambiemos hace tres años fue el preludio del fin de la moratoria previsional por la cual 4 millones de personas accedieron a una jubilación que de otra forma no podrían haber conseguido y que vence el próximo 23 de julio. Esa moratoria, si bien no fue planeada como una reivindicación para atenuar la desigualdad de género, tuvo un impacto concreto: mejoró la inclusión de las mujeres al sistema de previsión y seguridad social. Si no se logra una prórroga –que puede llegar a suceder como consecuencia de la lucha y la fuerza del reclamo social- será el final de una medida que puso en valor el trabajo históricamente invisibilizado de las mujeres: las tareas domésticas y de cuidados que sostiene a todo el resto de la sociedad.

El engranaje imprescindible.

El trabajo de ama de casa y el empleo doméstico, en general informal, es el engranaje base que sostiene al sistema. Sin embargo, en el plano previsional, históricamente se encuentra en desventaja. La instauración de una jubilación para las amas de casa, por ende, se constituyó como un logro dentro del esquema económico patriarcal: se reconoció a millones de mujeres que sí trabajaron pero que lo hicieron en sus hogares, a mujeres que no tuvieron aportes no porque no quisieron o porque no trabajaban, y se admitió que el trabajo doméstico es trabajo pero no está remunerado. La mirada feminista de la economía es imprescindible hoy para entender estas desigualdades, desnaturalizarlas y luchar por la construcción de un sistema inclusivo y equitativo.

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“La economía feminista habla del iceberg de la sostenibilidad de la vida”, explicó a ENE Josefina Marcelo. ¿Y qué es? “Lo que tradicionalmente uno llama economía es solamente la punta de arriba. En general cuando se habla de economía ¿de qué se habla? ¿Qué dicen los diarios? Negocios, dinero, bancos, el Gobierno, finanzas, el trabajo. Macroeconomía. Se ven todas esas cuestiones que se dan en ámbitos en donde predominan los varones. La economía feminista lo que incorpora es la idea de que todos esos trabajos, o esos aspectos que son los que se visibilizan, se sostienen en realidad por una gran cantidad de trabajo que está invisibilizado y que recae en la espalda de las mujeres: el trabajo de cuidados o trabajo reproductivo. No se ve, no se remunera, no se reconoce y no es tampoco como creemos que es. Por más que lo naturalizamos, la realidad es que ese trabajo sostiene a todo”. Por ese motivo, reconocer el derecho de las amas de casa a una jubilación justa y garantizarla mediante políticas públicas es un paso fundamental para la creación de una justicia económica y de género, para la construcción de una sociedad más justa.

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