Aquellos emprendedores que trabajan con la enseñanza y la capacitación han tenido que cambiar sus métodos, técnicas y programas por el aislamiento social. Conversamos con dos instructoras tandilenses que nos cuentan su experiencia y perspectiva frente al actual contexto.

“¿Estamos viviendo una nueva realidad? Hoy tenemos que emprender en la virtualidad porque no hay otra forma. La virtualidad vino para quedarse. ¿Cómo generamos cultura y compromiso en esta virtualidad? El compromiso con el emprendimiento te hace salir de tu zona de confort, no hay que hacer y nada más. Emprender en la virtualidad implica tracción verdadera que no todos la pueden lograr”  dice Fernando Horigian, de Pasión Emprendedora.

Frente a esta realidad se halló el sector educativo, que debió adaptarse velozmente a un nuevo contexto. Pero también aquellos emprendedores y profesionales que hacen de la capacitación y la enseñanza un servicio a la comunidad y un emprendimiento. Una gran cantidad de talleristas de nuestra ciudad entendieron que debían adaptarse a la enseñanza remota a través de herramientas digitales para poder continuar trabajando y que sus alumnos no quedaran fuera de programa.

Andrea Rosetti, reconocida locutora, lleva adelante un taller de oralidad. El taller, nos cuenta, “surge en el marco de la pandemia como una alternativa laboral”. Se trata de ocho encuentros a través de una plataforma virtual, donde se transmiten conceptos para mejorar la expresión en distintos sentidos, así como se enseñan técnicas de locución ante distintos públicos. “Está dirigido a toda persona que se dedique a la oralidad en cualquier ámbito: docentes, profesionales, cantantes, gente de medios, está pensado para distintos públicos” agrega.

Consultada por la adaptación a este contexto, Rosetti nos comenta que en su experiencia “siempre he dado talleres de forma presencial, bien experimental. Esto me motivó a un aprendizaje personal: miré muchos tutoriales, indagué como dar clases. Aprendí a utilizar Jitsi, una plataforma como hay varias en el mercado. Fue desafiarme, tratar de ver cómo puedo hacer las clases lo más atractivas posibles. No es lo mismo, las plataformas tienen cierto delay, y no tiene el ida y vuelta de una clase presencial, pero es en definitiva el aprendizaje que están haciendo hoy un montón de personas de distintos rubros.”

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Al respecto, Marina Rielo, saxofonista, también nos comparte su experiencia. “En mi caso, el espacio de formación que ofrezco no es exactamente un formato de taller, sino más bien clases particulares personalizadas de Saxo, Lenguaje musical y Apreciación Musical. En algunos casos sí toma el formato de taller pero, más bien,  como instancia de formación de los mismos alumnas/os que vienen a las clases en donde se realizan Pequeños Ensambles, duos, trios y cuartetos de saxos. El objetivo de este espacio de formación, además del aprendizaje del instrumento, es el desarrollo de una conciencia musical. En donde cada alumno se auto perciba como músico y funcione en su instrumento desde esa mentalidad Brindando las herramientas, teóricas  técnicas  que se necesitan para ese desarrollo” explica.

Rielo tuvo que transitar también la difícil adaptación de una enseñanza muy anclada en lo presencial, como es la interpretación de un instrumento, al nuevo formato digital que se impone en cuarentena. “Las circunstancias obligaron a que comenzara a brindar la opción de continuar las clases de manera virtual, como a la mayoría de los docentes o facilitadores de cualquier tipo de formación. No fue difícil la adaptación a nivel técnico, ya que el uso de plataformas digitales como Zoom, Skype o video llamadas no es algo totalmente ajeno a mi medio y eso permitió mantener el contacto con los alumnos.  Pero si se sufrió un baja en la concurrencia y continuidad de algunos, ya que no es una modalidad  a la que estemos acostumbrados la mayoría en la ciudad. Creo que mucha gente busca en la experiencia formativa ese momento de encuentro con su profesor y con el espacio físico que, en mi caso, al ser una opción artística, conlleva una desconexión de sus rutinas y otras obligaciones” señala.

“Creo que es un aprendizaje general que estamos realizando” dice Andrea;  “tiene que ver con un cambio de paradigma, que más allá de la pandemia creo que ha llegado para quedarse. Si bien se va mejorando, esto para mí no reemplaza lo vivencial, por eso aclaro en el taller que cuando se pueda se hará un encuentro presencial.  En el caso de la oralidad, la respiración, la proyección de la voz, algunos ejercicios está bueno hacerlos en vivo. Estamos en una fase experimental”. Respecto de los alumnos, “en general hay mucha predisposición, hay una comprensión general de que esta es una adaptación que estamos compartiendo. Por ejemplo, la solución a los obstáculos tecnológicos la vamos encontrando juntos”. Marina coincide: “Con aquellos alumnos que continuamos la respuesta es muy buena. Lo único que llega a retrasar son los eventuales problemas técnicos por los usos de la red o lo precario del equipamiento (pc, placas de audio, micrófono, etc). Pero en general la respuesta ha sido buena. El avance en los contenidos es más lento y demanda capacitación, creatividad y acceso a mejores recursos tecnológicos a la hora de llevar a delante las clases”.

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Ahora, hubo que adaptarse para continuar los programas de enseñanza y para conservar el alumnado. ¿Pero cuánto de esto quedará para el futuro? Rosetti comenta que a pesar de reconocer el valor de estas herramientas nuevas, y reconocer que tiene un costado capitalizable, aún está “madurando” la posibilidad de perpetuar estos métodos, ya que continúa prefiriendo lo vivencial: “el encuentro con el otro en un espacio, la práctica, la escucha de la voz en vivo y ciertos ejercicios que requieren de un contacto personal, miradas, por ejemplo”.

Rielo considera que en estas profesiones el cambio es inevitable y la capacitación y adaptación deben ser constantes para crecer y mejorar en el brindar el servicio. “En este caso el ingrediente es que fue forzado este cambio, y limitado en cuanto a que no da otras opciones. Pero también creo que hasta puede ampliar los horizontes profesionales, una vez normalizada la situación”.  “Las clases virtuales son una modalidad, y es bueno tenerlo como opción para lograr alcance más allá de los límites de la ciudad. Creo que lo mantendría como opción para todos aquellos que no puedan acercarse a mi estudio o prefieran tomar una clase desde la comodidad de su hogar” concluye.

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