Desde Miami, Estados Unidos, donde la encontró el decreto del día 12 de marzo que le impidió volver al país cuando correspondía a su boleto, Silvina Fiszer nos cuenta cómo se está viviendo el problema de no poder regresar a casa. En esta segunda entrega, las nuevas peripecias contadas en primera persona de una situación que afecta en estos momentos a miles de argentinos alrededor del mundo.

Lo que hasta ayer era una incertidumbre hoy es una certeza: la vuelta a casa está suspendida hasta nuevo aviso. En menos de una semana nos subimos a la esperanza de la repatriación; pasamos horas al teléfono entre llamados, mails, tweets y mensajes de WhatsApp; confiamos en una respuesta alentadora; nos enojamos por las páginas caídas y la misión imposible de intentar solucionar todo vía web, tratamos de no perder la plata de nuestros pasajes originales; volvimos a dejar nuestros datos en el Consulado; creímos que nunca más podríamos volver; entramos con pánico de contagiarnos al aeropuerto, miramos con desconfianza a todos alrededor cuando fuimos al supermercado; nos sentimos señalados por querer salir de una zona de riesgo y buscar cobijo en nuestro lugar; nos atragantamos con noticias; temimos ante la incertidumbre de qué va a pasar con nosotros al regreso; nos entregamos a la idea de hacer la cuarentena con un niño de año y medio en un hotel; volvimos a creer en la posibilidad de encerrarnos en casa como la mejor opción del mundo; inhalamos, exhalamos; buscamos cuidar a nuestros adultos mayores y recibimos cada una de las medidas del Gobierno con una mezcla de tristeza y resignación. Todo sucede tan rápido que quizá, tal vez, corramos tanto y alcancemos a morder la zanahoria. O tengamos que esperar a dar con ella cuando ya esté algo más arrugada, marchita y golpeada de tantas idas y vueltas.

 

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Lunes 23 de marzo. 36 nuevos casos. 301 casos confirmados. 4 muertos.

Según las estimaciones del Gobierno, ya volvieron al país más de 10.000 personas en los operativos de repatriación de los 25.000 que se calcula estaban en el exterior al momento de cancelarse los vuelos comerciales. Sin embargo la cifra crece permanentemente ya que aparecen todo el tiempo nuevos casos de argentinos que informan a la Cancillería su deseo de volver. Una vez en suelo argentino, los repatriados deben atravesar varios pasos y controles más: una revisión sanitaria apenas llegan para detectar si hay síntomas de Coronavirus; ante la presencia de fiebre un aislamiento en el aeropuerto y luego, hasta obtener los resultados finales, una cuarentena en un hotel o establecimiento preparado para tal fin.

Es lunes y volvemos al ruedo. Frente uno: Consulado. Llamé nuevamente para preguntar si había novedades. Me atendió Liliana. Muy amable me comentó que todavía no habian información de nuevos vuelos de Aerolíneas, me dijo el precio de los pasajes -500 dólares más impuestos- y me tomó de nuevo los datos. Insistí en resaltar el hecho de que estoy con un adulto mayor y un menor. “Ah, grupo de riesgo”, me respondió. “Aja”. Frente dos: Aerolíneas Argentinas. Ni una sola respuesta, nada por teléfono. Imposible comunicarse. Por la tarde me llega un mail. “Más y nuevos vuelos especiales”, reza el título. Sobre el final, en letras chiquitas, explica que si compraste tu pasaje a través de una agencia, ellos son los que deben realizar el cambio de fecha. Ok. Frente tres: Avantrip. Intento comunicarme por la web y por teléfono pero nada. Ya hice el reclamo online y tengo un número de gestión. Intuyo que como mi viaje no es en las próximas 48 horas me toca esperar. Lo entiendo. Paso al frente cuatro: LATAM. Mientras mi prima hace el reclamo por Facebook yo ingreso a la web y generó otro reclamo. Por Twitter también escribo. Lleno el formulario especial para quienes tienen fecha de regreso durante el periodo de prohibición de vuelos desde zonas de riesgo y vuelvo a intentar, en vano, reprogramar el viaje a través del link que ellos mismos me enviaron por mail. A esta altura ya no se si quiero que alguien me atienda, un cambio de fecha, un endoso o que me devuelvan mi plata. O todo a la vez.

 

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Martes 24 de marzo. 86 nuevos casos. 387 casos confirmados. 6 muertos.

Después de los dichos y contradichos entre el Canciller, Felipe Solá, y el Ministro de Transporte, las Mario Meoni -el primero abrió la posibilidad del cierre del Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini mientras el segundo declaró que no es una medida que esté prevista-, trascendió que el Gobierno busca disminuir la frecuencia de los vuelos que llegan a Ezeiza. Ante la necesidad sanitaria de control y con el objetivo de optimizar el trabajo en la recepción de cada avión, se busca mantener la conexión con el resto del mundo, evitar aglomeraciones, no tener que cerrar las operaciones y poder cumplir con el seguimiento adecuado de los viajantes que llegan de zonas de riesgo. Uruguay se suma, además, al cierre de fronteras y así se suma a la lista de países por los cuales ya no se podrá ingresar a Argentina.

“Pasame de nuevo los datos que los dejo acá anotados para que evalúen el caso”, me dijo esta vez Vanina desde el Consulado Argentino en Miami. Un rato después, Leandro me llamó para comentarme que la dependencia oficial está trabajando con una ONG -Fighting Infectious Diseases in Emerging Countries (FIDEC)- para brindar asistencia en la prescripción de medicamentos que los varados puedan necesitar. Muy amable, me pidió llenar unos formularios y enviarlos por mail. Cuando le pregunté por los vuelos de regreso al país cambió el tono. “No hay más por el momento. No te puedo decir nada más”. Vuelta a las empresas, desde Buenos Aires me dicen que por teléfono Avantrip no atiende porque es feriado así que vuelvo a Twitter con un tono más desesperado que el de los anteriores mensajes directos. A menos de 36 horas de mi vuelo original, creo que ya estoy dentro de la prioridad. Me responden, y con el código de compra, me dicen que “ya” van a revisar el caso. Una hora después, me escriben que debido a la urgencia de mi viaje debo llenar un formulario de la aerolínea, y “acercarme al aeropuerto” para que “intenten” reubicarme. Veo, como espectador de partido de tenis, como la pelota va de un lado otro y nunca pero nunca frena en el lugar indicado.

Como un mal chiste del destino, la aplicación de LATAM me manda un alerta. “¡Llegó la hora! ¡Haz el Check-In de tu viaje ahora!”. ¿Lo soñé? ¿Estoy loca? No. Toco tan rápido como puedo sobre el emoticón del avioncito que acompaña el mensaje y si, claro, todavía estoy ubicada en tiempo y espacio: mi vuelo de vuelta a Buenos Aires, el 4M7821, desapareció con mi ilusión de volver pronto a casa.

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Jueves 26 de marzo. 87 nuevos casos. 589 en total. 12 muertos.

Luego de que el Presidente Alberto Fernández anunciara que, por el momento, las repatriaciones de argentinos al país quedaron “suspendidas”, se publicó el DNU de Emergencia Sanitaria 313/2020. ¿Qué dispone? El cierre de las fronteras a las personas residentes en el país y a los argentinos con residencia en el exterior. “Esta ampliación estará vigente hasta el 31 de marzo inclusive, plazo que podrá ser ampliado o abreviado por el Ministerio del Interior”, explica el texto. “La Cancillería adoptará las medidas pertinentes para la atención de las necesidades básicas de los nacionales argentinos o residentes en el país hasta tanto puedan retornar al país”. Mientras tanto, EE.UU. se convierte en el país con mas casos en el mundo y un tercio de la población mundial está aislada.

Sin haber podido dar con algunos de los lugares en los vuelos de repatriación de Aerolíneas Argentinas -desde el WhatsApp me indican que no hay nuevos vuelos programados, que esperan noticias para el fin de semana, que por favor los contacte más adelante, que si se confirman me comunique de nuevo para la lista de espera y que me llamaran para decirme que me acerque al aeropuerto- inhalo, exhalo y pienso cómo va a seguir todo esto. Pienso en si podré volver y hacer la cuarentena en casa. Pienso en la gente del interior del país en el Cenard y me imagino como sería estar 14 días en el cuarto de un hotel con un terremoto de 18 meses. Tiemblo por la idea y a los cinco minutos me resigno y me entrego. Pienso en cómo van a aumentar los casos de contagio en Estados Unidos y en cómo voy a superar la instancia del aeropuerto/avión sin que nadie toque nada. Pienso que esta bien, que tengo que esperar. Y pienso también que no puedo hacer mucho al respecto pero que quiero estar en casa.

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