Jugar y aprender forman parte de la propuesta de los talleres de teatro.

Borrados los límites entre lo público y lo doméstico, con horarios más laxos, rutinas modificadas, las nuevas aulas virtuales que perturban el espacio hogareño, son un espacio de experimentación y redefinición de métodos y estrategias de enseñanza-aprendizaje. Son también el medio para emprender que permite sostener la economía de múltiples proyectos autogestivos.

Anabella Tvihaug, junto con Norberto Lanfranqui, en vinculación con Teatro Bajosuelo brindan talleres de teatro en forma remota. ENE dialogó con Tvihaug para establecer fortalezas y debilidades de esta modalidad que continúa en construcción.

“Damos un taller para niñes entre 10 y 12 años y otro para adolescentes. En ambos comenzamos en abril virtualmente,  tuvimos un período de clases presenciales durante el mes de agosto y volvimos a la virtualidad. También doy otro, en este caso sola, para niños de entre 6 y 9 años. Este taller comenzó a mediados de agosto, tuvimos una clase presencial y continuamos virtualmente”, indica la docente.

“No dejamos de hacer teatro”

En relación a la transformación de la tarea didáctica Tvihaug refiere que “Los talleres virtuales son una experiencia totalmente diferente. Hemos ido desarrollando distintas estrategias y diversas dinámicas. Implica un gran desafío. El tiempo y el espacio es otro, el grupo se constituye de modo diferente y la información que recibimos de ellos y ellos de nosotros es distinta. Es una reconversión, sí, pero no dejamos de hacer teatro. Utilizamos la tecnología, las casas, esos espacios de intimidad a nuestro favor.”

“Trabajamos mucho en solicitar se destine tiempo, espacio e intimidad para encontrarse con el grupo de teatro y disponer el cuerpo y la energía para las propuestas del taller. Desde el inicio trabajamos en días y horarios asignados. Cuando la cuarentena fue más intensa agregamos un día más de encuentros. Esto nos permitió establecer un ejercicio en la disposición para el juego y la creación. Luego volvimos a una vez por semana y con consignas claras de trabajo”.

“Hay dos grupos en dónde ya teníamos vínculo previo ya que la mayoría vienen con nosotros desde hace años. Eso es muy importante para ciertas dinámicas del grupo. Estaban garantizadas de antemano, la confianza para con nosotros y para con sus compañeros”, agrega.

Creatividad & recursos tecnológicos

En cuanto a formas novedosas que fueron incorporando a la práctica cotidiana Tvihaug describe que: “El modo que encontramos tiene que ver con la creación de videos de pequeños formatos, con o sin edición, que muestren la producción y la exploración que hemos transitado en las clases. Tenemos un grupo de Whatsapp y allí compartimos todo. De ese modo se ven, ven a sus compañeros, se aplauden, se valora el trabajo.”

“Por momentos se cansan de la virtualidad y ahí tratamos de ‘leer’ al grupo para modificar algunas propuestas, dar algún cambio de rumbo o también permitir descansos.”

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“Algo importante es que los chicos puedan tener un espacio de intimidad para jugar. A veces se logra, a veces no. La casa, como tal, es un espacio pensado para compartir familiarmente y para descansar, no para tener una clase. Sin embargo poco a poco, se va logrando. Vas viendo cómo algunos van adaptando sus entornos para estar más cómodos.”

“Otra dificultad es el soporte, el teléfono en este caso, que es el que utilizan para hacer las clases y las producciones. A veces son de ellos, otras son los teléfonos de sus mamás o papás. Poco a poco también vamos viendo cómo se van logrando independencias. Algunos niños han adquirido un celular propio y otros han podido tener una buena negociación con sus padres o madres”, analiza.

“En este momento la situación del teatro es compleja”

Otro factor central que ha condicionado el acceso a este tipo de alternativas on-line es el económico. Según Anabella “El pago de la cuota ha sido un tema para conversar. En la primera etapa trabajamos a la gorra y desde agosto volvimos al sistema de cuotas. Desde el Teatro Bajosuelo siempre tenemos habilitado un sistema de becas y también somos muy prudentes a la hora de pensar el costo del taller. Somos concientes de que los chicos eligen en función de la posibilidad de sus familias. En esto tratamos de estar atentos.”

“En este momento la situación del teatro es compleja. Todos los docentes estamos sosteniendo la virtualidad y tratando de diseñar estrategias para que los alumnos continúen. El aporte de la cuota del taller es una gran ayuda para el teatro, además de ser fuente de ingreso para sus docentes.”

“Seguir siendo los docentes de teatro”

Las pantallas que median ahora en el vínculo docente-alumnas/os han requerido también otro tipo de contratos áulicos. “La duración y la concentración para con la tarea es un gran desafío. Mediar entre lograr que el espacio sea entretenido pero que no nos convirtamos en animadores, sino seguir siendo los docentes de teatro, que enseñan teatro, el teatro es un arte”, menciona la referente del espacio.

“La cuestión afectiva y emocional es un tema de gran importancia. Cuando vamos al teatro todo un sistema de decisiones afectan el ánimo. Tengo un horario, debo trasladarme hasta allí, uso una ropa cómoda y me predispongo a encontrarme con otros, a hacer teatro, a explorar mis potencialidades creativas en el juego. En la virtualidad la cosa funciona de otro modo. Puede suceder que haya días en los que esperamos ansiosos ese espacio y otros en los que el horario apareció de golpe. Estoy en mi casa, quizás no haya salido en todo el día, y casi sin advertirlo se hizo la hora del taller.”

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“Con Norberto trabajamos mucho en tratar de lograr ciertas cuestiones básicas. El horario, la predisposición, el tener en cuenta que el teléfono esté cargado, que tenga espacio para mandar videos, fotos o audios.”

“Trabajamos también para conversar respecto de las interrupciones y cómo poder generar concentración cuando el dispositivo va dando señales de chats que se abren, llamadas, etc. Tratamos de armar consensos y establecer criterios junto a los niños y adolescentes. Hemos diseñado también ciertos proyectos que nos marcan un objetivo y hacia allí vamos.”

“Tenemos mucho para seguir construyendo”

Finalmente Anabella destaca que este nuevo camino les demanda más tiempo, más investigación, la necesidad de poner más técnicas en juego. Implica conversar con otros colegas, armar estrategias, diseñar de modo diferente las clases. “El teatro no es en la virtualidad. Se basa en el convivio, en el acontecer, en un aquí y ahora, atiende a todos los sentidos y es de cuerpo presente. Sin embargo hemos trabajado para aceptar esta realidad y trabajar en ella. No es adaptarnos, es redefinir, es hacer otra cosa utilizando todas las herramientas que tenemos disponibles.”

“Consideramos que el arte es vital en nuestras vidas. Somos arte. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos somos arte. Es nuestra misión en la vida, construir un mundo más bello y sensible. Es este un gran desafío siempre. Este contexto lo potencia. En esta misión hay veces que nos sentimos con fortaleza y otras en que nos sentimos sin entusiasmo, pero siempre seguimos adelante y nos reinventamos.”

“Tenemos mucho para seguir construyendo. Como trabajadores de la cultura sabemos de la importancia que tiene nuestra tarea en los entornos que habitamos. Lucharemos para volver a escena, porque en el teatro ampliaremos nuestras voces y haremos poesía con nuestras creaciones. Somos motores que ayudamos a entender el mundo, problematizarlo, destruirlo y volverlo a construir a través del arte, habilitando otros modos de pensar, de hacer, de sentir” añade.

“Agradezco cada día el camino que elegí. No es un camino llano. Es de vaivenes, de emociones a flor de piel, de sensibilidades, de vínculos, de afectos. Brindo por todos los trabajadores de la cultura, por nuestra misión en este mundo, por esta apasionada tarea de multiplicar y multiplicarnos. Brindo por Bruno Vergagni y pido justicia”, concluye.

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