Detallista y muy trabajadora, Sandra Caselli decidió hace un par de años armar un proyecto propio. Así nació Las Morenas Cabañas & Spa, un espacio que además está adaptado para personas con movilidad reducida. ENE charló con ella para conocer cómo nació y cuáles son las características de esta nueva propuesta.

Las ganas de tener un proyecto propio, la pasión por los nuevos desafíos y la empatía por aquellas personas cercanas con movilidad reducida fueron el puntapié inicial que le dio vida al proyecto. El resto fueron meses de mucho trabajo, investigación sobre las mejores opciones para crear un espacio inclusivo y un constante testeo de calidad. Es que para Sandra Caselli, propietaria de Las Morenas Cabañas & Spa -un nuevo emprendimiento turístico- era importante ofrecer un servicio de calidad, un espacio confortable y moderno y una opción que incluya a todo aquel que quisiera visitar Tandil. ¿Por qué es importante la aparición de estos espacios? Porque no hay en la ciudad alojamientos adaptados, salvo contadas experiencias, y porque es importante empezar a pensar al Turismo Accesible como una realidad y no una necesidad. Para conocer un poco más de la propuesta, ENE visitó las cabañas y charló con Sandra.

 

Un espacio para descansar.

Ubicado en un enclave perfecto para disfrutar de una auténtica vista serrana, al pie de las sierras Las Ánimas y a solo cinco kilómetros del centro de la ciudad, el complejo cuenta con cuatro cabañas, una de ellas completamente adaptada para personas con movilidad reducida, para cuatro y seis personas. Cada una tiene una cocina equipada, habitaciones con cama matrimonial y camas individuales, un amplio living comedor, un espacio semicubierto con parrilla techada y una amplia galería para disfrutar del paisaje. En la cabaña adaptada, las aberturas cuentan con las medidas reglamentarias, el baño está completamente adaptado y equipado y se accede mediante una rampa. Entre los servicios, se destaca el wifi libre en todo el complejo, el desayuno y la limpieza diaria. Además, las cabañas cuentan con cámaras de seguridad, caja fuerte y calefacción. El complejo se completa con el Spa, un fogón y una pileta climatizada cercada.

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Emprender.

Cuando compraron el terreno en donde hoy se encuentra el complejo, hace seis años y gracias a la venta de una propiedad y un negocio de transporte del cual se quería desprender, Sandra junto a Ignacio José Arraiza, su marido, no tenían todavía en claro cuál iba a ser el proyecto. Primero pensaron en una casa de fin de semana con salón de fiesta, pero el riesgo de generar ruidos molestos en un barrio tan tranquilo los desanimó. Así, de a poco, fue surgiendo la idea de las cabañas y casi sin darse cuenta, Sandra ya estaba analizando estilos, comprando materiales, y muebles y diseñando en su cabeza las cabañas que a ella le gustaría disfrutar. “Primero prensamos en hacerlas de cemento, como en Cariló, pero nadie me garantizaba que no entre agua. Después buscamos algo más moderno, y pedí tres presupuestos. Así surgió la idea de la chapa, que había visto en unos restaurantes en el sur y me había encantado. Después vino el Spa, el fogón y la pileta. A mí me encanta construir. Y todo estuvo súper pensado, como si yo fuera a vivir ahí: busqué los mejores colchones, que el baño esté impecable… Por suerte con Ignacio somos de esas parejas que no hacemos corto circuito en el tema de elegir cosas. Ignacio confió en mí. El administró y yo elegí”, contó Sandra, y confesó que siempre buscó encarar un negocio común junto a su esposo -quien trabaja en el campo- que los apasione y que “les quede”, algo tangible, disfrutable, lindo, cómodo y para todos.

 

Una cabaña accesible.

Un amigo y una nena con una discapacidad fueron los casos cercanos que la motivaron a Sandra a construir una de las cabañas, los accesos y el spa adaptados para personas con movilidad reducida. “Hay mucha gente que por un accidente, una discapacidad o una enfermedad no puede acceder a todos los espacios turísticos. Y para salir es complicado. Estoy rodeada por gente con esos inconvenientes y lo hice por eso”, explicó Sandra.

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-¿Conocer la realidad de las personas con capacidades diferentes te hizo pensar en esa cabaña a la hora de armar el proyecto?

-Yo creo que uno siempre tiene que tener sentido común. No sólo por ellos, sino que también hay personas, como los mayores, que no pueden levantar la pierna para entrar a una bañadera. Yo siempre me pongo en el lugar de los demás, soy particular en ese sentido.

 

-¿Cuándo pensaste en hacer las cabañas ya tenías la idea de hacer una cuarta adaptada?

-Me surgió en el momento y nos pareció buena idea. Pensé abarcar mucha gente, porque Tandil tiene turismo de gente grande también. Y gente que en verano no le gusta el mar, gente que le gusta pasear y andar entre las sierras. Pensé en un público más amplio y en la posibilidad de ofrecer algo que acá no hay, darle la chance a gente con discapacidad que pueda conocer la ciudad. Apartment for Rent in Tourist Club Area

 

-Inauguraron hace poco, ¿qué expectativas tienen para el futuro?

-Que pueda venir mucha gente. A mí no me gusta excederme con los precios, y lo que quiero es que la gente pueda venir y disfrutar. Para mí esto este es un proyecto personal logrado.

 

-Y además ofrecés una opción más para hacer turismo.

-Fue una buena visión, que pude tener por estar rodeada de gente que lo necesita. Fue tener sentido común con los demás, empatía, porque que no me pase a mí no quiere decir nada. Si podés hacer algo para ayudar al otro y que la pase de fiesta, ¡hay que meterle!

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