Antes de jubilarse, Santolin era proyectista con AutoCAD. Hoy vende las velas, sahumerios, difusores, aromas y resinas que él mismo hace para su marca Espíritu de la Piedra. En una charla con ENE contó su camino y qué significa ser emprendedor en tiempos de crisis.

En uno de los puestos de la Feria de la Economía Social y Solidaria Antonio Santolin mira a su alrededor. Está sentado detrás de una mesa repleta de sahumerios ordenados por colores, esencias, resinas, velas y difusores. Alrededor, el enorme espacio que alberga a los feriantes de va poblando de visitantes, el ruido ambiente aumenta y una murga prepara sus tambores. Detrás de la mesa, sentado en su silla y con la mirada atenta y amable, Antonio cuenta a ENE algo de su historia, su trabajo como emprendedor y su visión sobre ser feriante en tiempos de crisis.

 -¿De qué se trata su emprendimiento?

-Yo tengo un emprendimiento que es de velas y sahumerios y en fin, difusores y aromas, resinas y hierbas para perfumar.

-¿Cómo arrancó?

-Yo empecé hace como seis años atrás. Empecé haciendo velas y jabón. Y empecé a trabajar con la universidad barrial, allá en villa Aguirre con la feria verde, y fue pasando el tiempo y dejé de lado algunas cosas y agregando otras. Dejé de lado los jabones, seguí con los sahumerios, después difusores, que se yo…

-¿Cómo se le ocurrió empezar a hacer este tipo de trabajo?

-Para probar. Yo tengo entendido que los sahumerios realmente es algo que más o menos se vende, por el valor, que es de poco valor.

-¿Cómo aprendió a hacer los sahumerios y los jabones?

-Yo aprendí con un amigo que vive en Buenos Aires que me dio unas clases de cómo hacerlo. Y después me jubilé y me dedico a todo esto.

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-¿Qué hacía antes de jubilarse?

-Era proyectista con AutoCAD. Trabajaba en metalúrgica Tandil, y aparte hacía trabajos para otras empresas también porque no hay mucha gente especializada en trabajar con tres dimensiones y todo ese tipo de cosas, porque eso es lo que hacía yo, manejaba esos programas para hacer todo en tres dimensiones.

-¿Cómo se fue adaptando a lo largo de su vida a los cambios?

-Yo cuando empecé a trabajar, empecé como dibujante en tablero. Después me quedé sin empleo, en los noventa y pico, más o menos, con la revolución menemista, y después estuve trabajando como remise. Y mientras trabajaba como remisero hacia cursos de diseño porque es lo que más me gustaba, y me sigue gustando, el diseño por computadora. Y bueno, me fui especializando, obtuve títulos y en determinado momento me encontré con un ejecutivo de metalúrgica Tandil, le mencioné a ver si no tenían empleo y me dijo que me presentara y estuve trabajando 10, 11 años ahí. Eso hasta que me jubilé. Fui remisero, trabajé en metalúrgica, trabaje para otras empresas del rubro… por ejemplo CTZ que hice mucho de la línea de calefactores.

-¿Cómo ve la situación hoy?

-Yo diría que tal vez en este momento estemos peor que en la época del menemato. Yo lo veo esto como una crisis final. Si esto no se revierte no hay muchas alternativas de salida. Porque en cierta forma por ahí nos estamos sacando la plata los unos a los otros. No hay actividad productiva, las fábricas han cerrado, las que no han cerrado están trabajando a un 20 por ciento, con suerte… y eso no le da de vivir a nadie.

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-Y hay ganas de trabajar porque acá está lleno de emprendedores…

-Lo que pasa es que bueno, hacen su emprendimiento porque no les ha quedado otra tampoco. Digamos que no hay muchas alternativas. Y la lastima de esto es que este tipo de emprendimiento este gobierno lo toma como si fuera trabajo real. Y esto es cuentapropismo. Es precarizado porque usted tiene que pagar monotributo, la obra social, todo. Es precarizado.

-¿Tiene esperanzas en el futuro?

-Y, tiene que cambiar esto, la esperanza es que cambie. Sino no hay esperanzas.

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