Por Silvina Fiszer

Impulsada por la imparable ola del feminismo, la huelga del 8 de marzo tuvo fuertes repercusiones sociales y simbólicas. Sin embargo, todavía resulta imposible conocer sus consecuencias en el plano productivo. ENE charló con Josefina Marcelo para conocer los motivos. Números reales, estimaciones y la forma de saber por qué las mujeres son capaces de parar el mundo.

El viernes 8 por la tarde, en el centro de la ciudad de Buenos Aires, 300 mil mujeres pintaron las calles de violeta. En Tandil, cerca de tres mil marcharon bajo la consigna “Contra el ajuste y la represión, feminismos para la revolución”. Hace tres años que el #8M, Día Internacional de la Mujer, se convirtió en un día de huelga: las mujeres de todo el mundo paran para luchar por sus derechos, y si bien el impacto social y simbólico es cada vez más fuerte, en Argentina resulta imposible cuantificar sus consecuencias en el sector productivo. Para saber por qué no hay cifras sobre su repercusión en el plano económico y cómo podría medirse a partir de los indicadores existentes, ENE charló con la licenciada en Economía e integrante del Espacio de Economía Feminista de la Sociedad de Economía Crítica Josefina Marcelo.

Una conjunción de dificultades.

El hecho de que en Argentina no haya estimaciones del impacto económico del paro ni cifras realizadas con perspectiva de género ofrece el puntapié inicial para analizar el por qué de esas ausencias. De hecho, el poder contar con números certeros e informes con una mirada más inclusiva es una deuda pendiente y una de las consignas por las que se lucha año tras año: sin diagnóstico certero no hay posibilidad de diseñar políticas públicas en pos de la igualdad. Para explicar los motivos del vacío, Josefina habla de tres dificultades concretas: una relacionada a trabajo reproductivo, la segunda al trabajo productivo y la tercera a la informalidad. Todas ellas cruzadas por la imposibilidad de saber a ciencia cierta cuántas mujeres efectivamente pararon y a qué sector representa cada una. ¿Hay forma de estimar alguna de esas cifras?

En relación al trabajo reproductivo, aquel no remunerado que las mujeres realizan en sus casas, al no estar cuantificado su impacto es difícil de medir. “En argentina no hay estadísticas sobre eso y en los pocos países que se ha estimado, por ejemplo en México, ha mostrado que es grandísimo, cerca del 20% del PBI”, explica Josefina.

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En cuanto al trabajo productivo, en principio se podría estimar. “Ahí tenés la primera dificultad -analiza la economista-: habría que ver sector por sector cuánto aportan las mujeres y hacer una especie de prorrateo por industria porque no es lo mismo lo que aporta la industria petrolera, donde las mujeres son muy pocas, que lo que aporta la industria textil, donde somos mayoría. Ese dato está, pero nos falta el porcentaje de adhesión a la medida como para saber cuál es el impacto productivo. Eso dentro del trabajo formal”.

Finalmente, el tercer motivo radica en el mal llamado “trabajo en negro”, el trabajo no registrado, categoría en donde entran la mayoría de las mujeres. “Si bien en las encuestas de hogares se estima cuánto es el trabajo informal, esos datos se dice que están subestimados. ¿Por qué? Al declarar en un censo o una encuesta, muchas personas no exponen su situación real porque tienen miedo que esa información se cruce con la AFIP, así que no dicen efectivamente cuanto trabajan”. Además, tampoco se podría saber qué cantidad de mujeres con trabajo informal paran. “En ninguno de los tres casos lo sabemos. No hay datos”.

Y si…

“Si nosotras paramos, se para el mundo”. La consigna, utilizada desde el año pasado en gran parte de las huelgas de mujeres que se realizan alrededor del planeta, es muy difícil de demostrar con datos puntuales, señala Josefina. Sin embargo, se convierte en verdadera en dos sentidos muy marcados: “En los hogares nadie se levantaría temprano a preparar el desayuno, lxs chicxs no estarían preparadxs para ir a la escuela, ni muchos hombres para sus trabajos. Las compras no estarían hechas ni la comida lista. Las tareas escolares no tendrían ayuda, la ropa estaría sucia y la casa también. Además, en la calle los comercios venderían mucho menos. Y en las escuelas, guarderías, hospitales no estarían casi el 80% de sus trabajadorxs”.

Ante la ausencia de estadísticas con perspectiva de género, se pueden utilizar cifras del Ministerio de Trabajo y del INDEC para imaginar qué sucedería ante una huelga masiva de alto acatamiento de mujeres en el país, y cómo repercutiría esta medida en el sistema productivo nacional. Según la Encuesta Permanente de Hogares realizada por el Indec durante el tercer trimestre de 2018 la Tasa de Actividad de las mujeres es del 49,1%; la Tasa de Empleo, por su parte, es del 43,9%. En relación al empleo no registrado, hay un 37% de trabajadoras asalariadas no inscriptas en la seguridad social. ¿Qué se puede concluir a partir de estos datos? Que ante una huelga masiva, casi la mitad de la población no realizaría ningún tipo de actividad en Argentina.

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Más datos: un informe del 3er trimestre del 2016 realizado por el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) del Ministerio de Producción y Trabajo en base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) señala la participación de varones y mujeres en el empleo registrado por sector de actividad. Tomando esas cifras se podría concluir que ante una huelga masiva, el 11,2% del sector primario se adheriría, mientras que en la industria faltaría el 19% de los empleados, en la construcción el 6% y en los servicios el 44,4%. En los trabajos feminizados el impacto sería mucho mayor: en el sector de la enseñanza pararía en 73,6%, en la Salud el 71,2% del personal mientras que dentro del trabajo doméstico remunerado la actividad se paralizaría de forma total: no se presentarían en sus puestos el 98,7% de los empleados y la consigna “si nosotras paramos, se para el mundo” sería ciento por ciento real.

Objetivo: visibilizar.

Uno de los objetivos de la lucha feminista es poder visibilizar la situación de las mujeres. Para llegar a ese punto es imprescindible contar estadísticas realizadas con perspectiva de género. “Desde la Economía Feminista estamos en la tarea de comenzar a ´correr el velo´ de los datos que al darse sin género no muestran la realidad -un ejemplo es el caso de la tasa de desocupación general y la femenina, que es mucho más alta- y de “visibilizar lo invisible”, como es el caso de los proyectos para medir en encuestas el uso del tiempo y su valor”, concluye Josefina, y agrega: “También buscamos visibilizar a las más invisibles que son las disidencias, las personas trans, travestis, no binaries, etc. que directamente no existen para las estadísticas. Y que comience a tenerse en cuenta en las facultades, donde se forman las personas que luego serán quienes armen esos datos”.

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