C&N. / FOTO: D. BATTISTE

Dentro del “megadecreto” 27/2018 para la desburocratización estatal, elevado por el gobierno, se habilita a las empresas a dejar de emitir facturas en papel. La medida prevee que el usuario pueda seguir recibiéndolas en el formato tradicional en caso de dejarlo asentado ante la empresa.

Esta vez, la polémica sienta en el banquillo a las facturas electrónicas o enviadas vía mail, que reemplazarían oficialmente a las emitidas en papel. Así lo habilita el “mega-decreto” 27/2018 de necesidad y urgencia, propuesto por el gobierno con el objetivo de desburocratizar al Estado y simplificar normas, trámites y procesos.

A través de esta medida, las empresas quedan habilitadas a dejar de enviar cartas para notificar a los usuarios sobre sus gastos. De esta forma y según ordena la normativa, los datos podrán enviarse “en el soporte que el proveedor determine, salvo que el consumidor opte por el soporte físico”, con lo cual “En caso de no encontrarse determinado el soporte, este deberá ser electrónico”.

Específicamente, los bancos tendrán la posibilidad de “optar por enviar el resumen en soporte electrónico“, “salvo que el consumidor establezca expresamente” que lo quiere en papel. Al respecto, el Banco Central alertó y exigió a las entidades que notifiquen a sus clientes con 60 días de anticipación sobre el cambio que harán en relación al envío de facturas.

El reemplazo se venía dando de forma voluntaria, en tanto que los envíos electrónicos venían ganando lugar sobre los tradicionales en papel. Ya era significativo el porcentaje de clientes, de bancos y empresas de servicios, que optaba por recibir las facturas en formato digital. Esto comenzó a generarse hace un par de años, cuando las empresas empezaron a ofrecer el envío digital como un método más rápido, práctico, confidencial y ecológico.

Las cifras oficiales se equiparan a esta realidad si se tiene en cuenta que, según el Ente Nacional de Comunicaciones, en 2012 se enviaron 682,7 millones de facturas mientras que en 2016 la estadística bajó a 519,8 millones: 1 de cada 4 sobres ya no se envía. Y, como dato más reciente, en los primeros 9 meses de 2017 se registró otra caída del 4%.

La polémica crece entorno a la defensa de un formato más práctico y moderno de factura digital, que al reemplazar al papel beneficia al medio ambiente y de la otra vereda, respecto a una crítica que prioriza el envío tradicional por considerar que la opción electrónica solo favorece a la empresa, sin tener en cuenta las dificultades que le puede generar al cliente como es el caso de los adultos mayores, que encuentran obstáculos a la hora de acceder al mundo digital. De todas maneras, los usuarios que quieran seguir recibiendo facturas en papel, deben pedirlo activamente llamando a un “0-800” o yendo a una oficina.

A pesar de la disyuntiva, entre quienes avalan y quienes no el paso de la factura en papel a la electrónica, hay ciertos sectores de la economía que ya se encuentran avanzados en materia de facturación digital, en especial el rubro bancario y de telecomunicaciones. Aunque el crecimiento se fue dando paulatinamente, los números indican que entre el 70 y el 90% de los clientes de entidades bancarias reciben sus resúmenes de cuenta de forma online e incluso, en muchos casos, lo abren desde el celular.

La discusión se relaciona directamente con las nuevas exigencias empresariales respecto a la responsabilidad social y sustentabilidad, conceptos que promueven el cuidado del medio ambiente y la conciencia integral a la hora de llevar adelante una empresa. En esta línea, desde 2008, la firma Telefónica impulsa la “no impresión” y actualmente 7,5 millones de sus usuarios acceden a sus facturas por de forma electrónica, lo que representa  un 70% del total de la empresa. La compañía de telecomunicaciones espera aumentar al 88% este número para el año 2020.

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