El Grupo de Óptica Biomédica se presentó en el concurso de ideas Prendete con el proyecto de un Mamógrafo óptico y se quedó con el quinto puesto. Nicolás Carbone, uno de los integrantes del equipo, charló con ENE sobre el camino hacia la creación del prototipo y el impacto que puede tener en el diagnóstico del cáncer de mama.

 

Una de cada ocho mujeres en Argentina va a desarrollar, a lo largo de su vida, un cáncer de mama. El 20 por ciento de esas mujeres tienen menos de 40 años. El 95 por ciento de esos casos son curables si son diagnosticados a tiempo. Hoy en día, el método de detección es la mamografía, un estudio que se recomienda realizar a partir de los 40 por la radiación que genera. ¿Qué pasaría si, en lugar de utilizar rayos X para detectar tumores en los senos, existiera un aparato que también sea capaz de mostrar cualquier tipo de anomalía sin ser nocivo para el cuerpo? Con esas cifras y esa pregunta como disparador, el grupo de Óptica Biomédica del Centro de Investigaciones en Física e Ingeniería del Centro de la Provincia de Buenos Aires (CIFICEN) presentó en el concurso de ideas Prendete el proyecto en el cual trabajan desde hace 15 años: el desarrollo de un prototipo de Mamógrafo que use alternativamente y de forma complementaria luz infrarroja en lugar de rayos X. La propuesta los llevó a alzarse con el quinto puesto, un viaje a Silicon Valey y 50 mil pesos. Y fue la única ganadora relacionada con un tema de salud.

El equipo de investigación está formado por los doctores en Física Juan Pomarico, Daniela Iriarte, Oscar Di Rocco, Victoria Waks y Hector García; los licenciados en Física Nicolás Carbone y Pamela Pardini y el licenciado en Matemática Guido Baez (todos investigadores o becarios del CONICET y muchos docentes de la Universidad Nacional del Centro). En diálogo con ENE, Carbone –quien se unió al equipo hace cinco años-, contó que la idea del mamógrafo está desde el inicio y que a lo largo de estos 15 años se han hecho avances tanto en la ciencia básica como en la ciencia aplicada, tanto en el laboratorio como en estudios numéricos y de teoría. “Hoy creemos que estamos en el punto necesario para proyectar construir un prototipo con el objetivo de poder llevárselo a los médicos y a los veterinarios. La realidad es que en algún momento hay que hacer el salto del laboratorio y por eso estamos buscando financiamiento”, explica, y se ilusiona: “Nuestro sueño es que hacerse un examen mamográfico sea tan simple como hacer un electrocardiograma”.

 

¿Cuáles son los beneficios que propone el mamógrafo óptico?

-Todos sabemos la importancia de la problemática del cáncer de mama: afecta a una de cada ocho mujeres en alguna etapa de su vida y muchas de esas mujeres son menores de 40 años. La mamografía tradicional, la de rayos X, no es aconsejada antes de los 40 años e incluso se recomienda no realizarla más de una vez por año. Inclusive cuando tenés la enfermedad declarada. Como los rayos X son nocivos, se recomienda su uso bien cuidado. Está bien que se siga usando porque las ventajas de un diagnostico precoz superan a los posibles riegos. Sin embargo, hay un hueco en algún lado: hace falta un sistema de diagnóstico que no haga uso de rayos X. Ahí es donde entramos nosotros y nuestra propuesta.

 

-¿De qué se trata?

-Estamos trabajando en el desarrollo de un mamógrafo que, en lugar de usar rayos X, usa luz infrarroja. Esta luz es completamente inocua, y por eso se puede usar para hacer estudios constantemente y a cualquier edad. Otra de las ventajas que tiene, que no es menor, es que como la luz no solo atraviesa el tejido sino que -debido a cómo se comporta adentro del tejido- vuelve a salir por la misma cara de entrada, se puede diseñar un sistema que no use la compresión mecánica del pecho, que es bastante incomoda. Así, desarrollamos un sistema que es mucho menos agresivo al tejido y mucho más cómodo. También es mucho más barato, fácil de construir y simple de mantener porque hay menos partes móviles, menos partes mecánicas y no necesitás toda la infraestructura para protegerte de los rayos X.

 

-¿Que faltaría para poder avanzar?

-Cuando uno trabaja en medicina, tratando con la salud de la gente, una de las cosas que siempre falta es tiempo y paciencia. Nosotros en estos 15 años hemos pasado por un montón de etapas. Primero surge la idea, se la piensa desde el punto de vista de la teoría y de la física, se explora qué se hace en otras partes del mundo… Todas esas cosas llevan mucho más tiempo de lo que uno cree. Después se va al laboratorio con equipamiento, algo nada fácil de conseguir, y se realizan pruebas lo más parecidas posibles a la realidad sin ir a un ser vivo. Nosotros, por ejemplo, trabajamos con fantomas, elementos que a la luz se comportan igual que el tejido biológico. Luego de pasar por la etapa de laboratorio, por la etapa teórica, por la etapa de simulaciones en computadora, lo que nos falta es probarlo en seres vivos. La próxima etapa sería llevarlo, junto a la colaboración de gente de medicina o de veterinarias, a pacientes que tengan un tumor y a pacientes que no tengan, pacientes sanos, para realmente medir como varía lo que uno recibe del aparato en función de la enfermedad: si es un tumor benigno, maligno, si no hay nada o si es un quiste. Es lo que se llama la parte de estudio clínico, y que lleva unos años. Entonces, lo que nos falta es construir el aparato, pero nos falta el dinero. Estamos trabajando con un grupo en veterinarias que está muy interesado en probar en perros. No se hacen mamografías en perros, y los tumores de mama son muy comunes en perros. La idea es ir avanzando hasta las pruebas.

 

-¿Existe alguna experiencia similar en alguna otra parte del mundo?

-Hemos trabajado, yo soy uno de los que fue un tiempo, con gente en Alemania. Allá hay un grupo de investigación bastante grande que trabaja en cosas similares. Yo estuve varios meses en Berlín y la verdad es que uno aprende un montón cuando ve trabajar a gente en otro lado. Hoy es un grupo de investigación con el cual colaboramos frecuentemente. Ellos son un poco los pioneros en esto. Pero también hay equipos en otros lados. Conocemos gente en Valencia, en Estados Unidos y en México, con quienes también tenemos contacto. La realidad es que la ciencia básica es la misma, y los que más cerca está de armar un aparato son los alemanes. Ellos tienen un acercamiento distinto, usan algo bastante más sofisticado y más complejo, tipo tomógrafo más que mamógrafo, y de hecho siguen usando con presión. El aparato es muy similar a un mamógrafo tradicional pero cambia la fuente de rayos x por una infrarroja. Nuestra propuesta es distinta a la de ellos. El aparato de ellos sale mucho más de lo que saldría el nuestro y está pensado para una clínica especializada, mientras que lo que nosotros buscamos desarrollar es algo que pueda tener el ginecólogo en su práctica privada. En ese sentido no sabemos de alguien que esté trabajando exactamente la misma idea. Y en ciencia eso es importante.

 

-¿Por qué se anotaron en el Prendete? ¿Para buscar financiamiento?

-En realidad la idea de anotarnos en el Prendete salió de José Marone, el Secretario de Extensión de la Facultad de Exactas. Fue él quien nos vino a invitar. Nosotros mucha idea de este tipo de eventos no tenemos. En el ámbito académico uno busca financiamiento por otro lado: a través de subsidios nacionales, del Conicet o de la Universidad. Esta vez José Marone, quien ya conocía nuestro proyecto, vino con la propuesta de presentarnos buscando también que salgamos a buscar financiamiento privado, cosa esta re buena pero no estamos acostumbrados a hacer. Nos pareció interesante la idea, nos convenció y nos anotamos. Por suerte nos fue bastante bien. Fue una experiencia muy linda de aprendizaje.

 

-¿Por qué creen que fueron elegidos entre los ganadores?

-A mí me sorprendió un poco que nos hayan elegido porque muchos de los proyectos que se presentaron, además de ser muy buenos, tienen una ventaja bastante grande por sobre nosotros: salen al mercado muy rápido. Pero al margen de eso, ¿por qué creo que ganamos? Algo que a mí siempre me da muchísima satisfacción, y es un poco por lo cual muchos en nuestro grupo hacemos lo que hacemos, es ver la reacción de la gente. Cuando te dicen “qué buena idea”, o “cuantas vidas vas a ayudar a mejorar”. El mamógrafo óptico busca resolver un problema que toca una fibra muy íntima de todos nosotros como el cáncer, particularmente el cáncer de mama. Todos conocemos a alguien que ha sido afectado, y ahí la gente se identifica muy rápido. Y yo creo que, en ese sentido, quizá podemos compensar el hecho de que no podamos salir a mercado inmediatamente. Además, hablo yo porque circunstancialmente me toca a mí, somos un grupo bastante grande, siete personas, que venimos trabajando desde hace mucho tiempo y que por suerte tenemos, dentro de lo que es el ámbito académico, bastante reconocimiento. Tenemos muchísimas publicaciones avaladas por la comunidad científica que dicen que lo nuestro no es solamente una idea que se nos ocurrió alguna vez y que nos parece buena. Venimos con mucho tiempo de trabajo y eso también suma.

 

-¿Cómo se imaginan el proyecto dentro de unos años?

-Si me pedís que sueñe, me imagino que el mamógrafo óptico en unos años va a ser utilizado de forma tan frecuente como se usa el aparato para hacer el electrocardiograma, un dispositivo que el médico tiene en su consultorio y usa como parte del estudio rutinario de diagnóstico.

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