El 15 de octubre de 2016 Gustavo Lazarte desafió el contexto económico y abrió el Teatro Bajosuelo. En su primer aniversario, Enfoque de Negocios charló con el director teatral y empresario y con Agustín Medina, Diseñador Gráfico y parte del equipo, sobre los desafíos de invertir en un espacio de expresión independiente.

En su primer año de vida, el Teatro Bajosuelo fue escenario de más de 250 funciones. Obras infantiles, religiosas, unipersonales, dramas, comedias, musicales, espectáculos de danza, recitales y hasta una performance transformista. Obras de producción propia –el espacio se fundó para mostrar las obras de la compañía Murallón Teatro-, obras locales y obras de muchas otras ciudades de la Argentina. Producciones independientes, muestras de variados talleres, presentaciones y exposiciones de arte y fotografía. Eventos Consolidados en el calendario cultural local como El Mayo Teatral y festivales de espectáculos para grandes y chicos prontos a convertirse en clásicos como La Bufanda. Durante más de 250 horas, en esa sala llena de historia del subsuelo de Rodríguez 457 miles de personas se emocionaron, rieron, aplaudieron y viajaron en el tiempo. Hoy, a un año de su apertura, Enfoque de Negocios habló con Gustavo Lazarte, alma mater del proyecto, y Agustín Medina, diseñador gráfico y parte del equipo. Balance de un año de crecimiento.

 

Contracorriente

En octubre de 2016 Argentina, luego de acumular tres trimestres seguidos de contracción, el país estaba en recesión. Los datos del consumo tampoco mostraban un panorama alentador: según una encuesta de la consultora Kantar World Panel publicada a fines del año pasado, ocho de cada diez argentinos habían restringido su consumo en 2016. Con un horizonte algo oscuro, el director Teatral Gustavo Lazarte decidió apostar a la cultura: se puso el traje de empresario y abrió el Teatro Bajosuelo, una sala independiente donde poder mostrar las obras propias pero también donde otros artistas pudieran compartir su trabajo. Con una idea clara de lo que quería lograr, Gustavo, junto a un equipo de familiares y amigos (además del director, trabajan allí Laura Ciganda -su pareja-, Inés Ceballos y Agustín Medina), salió a escena sin un guion completamente definido. “No hubo un balance previo de cómo íbamos a afrontar el proyecto. Sí sabíamos que iba a ser con las funciones y con los talleres. Entonces, desde que arrancamos, tuvimos programación”, repasa, y explica que todo lo que se hizo, se hizo a pulmón.

Con el control de lo que pasaba puertas adentro, faltaba descubrir qué iba a pasar con el resto de los actores principales de esta historia: los artistas locales y el público. “Por suerte, desde un principio, acompañó el público y acompañaron las producciones. También incorporamos el tema de la música”, cuenta Gustavo. “Hicimos algunos recitales que estuvieron muy buenos. Es algo distinto en Tandil que el público venga al teatro a ver algo musical. Generalmente la música pasa por los pubs o por lugares de entretenimiento. La sala tiene muy buena acústica, y los recitales han tenido muy buena respuesta. El lugar no estuvo pensado para eso, incluso no tenemos equipamiento sino que los músicos lo tienen que traer, pero empezamos a alternar fechas por la gran demanda. Cada vez venían a pedirnos más fechas así que decidimos, al menos, hacer una por mes”.

Además de los recitales, la propia demanda de los artistas locales en Bajosuelo llevó a que se realizaran allí varias muestras de artes plásticas y fotografía. También se presentó una revista –“Malas Artes”- y se recibieron artistas de otras localidades. “La idea de abrir el abanico estaba, pero era parte de muchas ideas vagas. Después se fueron nutriendo de y por los distintos artistas que aparecen”, repasa Gustavo. “Como sala independiente estamos súper contentos. También con la posibilidad de tener donde mostrar nuestro trabajo. Yo ahora estoy con dos producciones que vamos a estrenar pronto, y ya el hecho de ensayar en tu lugar está muy bueno. También está muy bueno abrir el espacio para otros artistas. El otro día estaba en un recital, el escenario estaba lleno de músicos y yo pensaba ‘mirá qué bueno lo que estamos generando, que bueno que la gente pueda mostrar sus espectáculos’. También está muy bueno tener diversidad. No somos curadores de arte y el espacio está abierto. Tenemos desde shows de transformismo hasta teatro religioso. La biblia y el calefón. Y eso está buenísimo”.

En este año lo que aprendimos fue sobre todo a organizarnos y a poner la mejor voluntad. Creo que ahí está la base de mantener un negocio de este tipo, o una sala que apueste a lo teatral”, dice Agustín Medina a ENE. Entre todas las satisfacciones que le dio este año Bajosuelo, destaca la importancia de haber generado un espacio de expresión. “Lo hermoso de todo esto es poder darle el lugar a la gente, a los artistas, para que se puedan expresar y puedan comunicar. La sensación de ser el anfitrión de lo que pasa arriba de las tablas, con tanta gente que trabaja atrás de una obra, es inexplicable. Porque también es eso: las obras no son solamente la hora y vente que duran, sino que hay un laburo atrás que tiene muchos partícipes. Y cada uno de ellos trae su historia, sus valores, sus anécdotas. Compartir con ellos el teatro hace que todo esto sea una experiencia súper enriquecedora”. En relación a lo económico, explica Agustín, el Teatro tuvo altos y bajos, “como en cualquier negocio. Los fines de semana largos recibimos muchos turistas, pero sobre todo Bajosuelo se mantiene porque la gente de Tandil sigue apostando a las obras y producciones locales, que cada vez tienen mejor nivel”.

 

De cara al futuro.

Si bien el teatro sigue adelante y las funciones se continúan de jueves a domingos, Gustavo y Agustín coinciden que los tiempos que corren todavía no son los mejores para el consumo de arte. “Este año sobre todo se nota en la diferencia. Por ahí lo ves en la calle, la gente anda solo algunos días, elige ciertos momentos para salir. No se ve gente todo el tiempo”, explica el director. Agustín, por su parte, apunta al costo elevado de las salidas: “La gente prefiere quedarse en la casa mirando Netflix –lo cual no está mal-, porque al organizar una salida no todo se resume en el teatro. Van a comer, después a tomar algo, y así la salida se transforma en una inversión grande”. El panorama desalentador, sin embargo, no los amedrenta. Y las ganas de crecer mantienen su fuerza. “Este año estamos viendo la necesidad de contratar un técnico, tener a alguien específico en ese rol. Aunque realmente estamos muy justos con el tema números como para sumar un sueldo”, explica Gustavo. “Apostamos cada centavo que juntamos a mejorar la sala, las condiciones, a agregar técnica y hacer que tanto quienes llegan como nosotros cuando hacemos nuestras obras podamos tener una prestación cada vez mejor”, agrega Agustín. “Y apostamos también -dice Gustavo- a mantener las funciones de jueves a domingos. El lugar se está sustentando solamente con las funciones y con los talleres de teatro. No tenemos subsidio, no tenemos apoyo. Bajosuelo es totalmente independiente. Y como sala independiente estamos súper contentos”.

 

-Después de un año de trabajo, ¿seguís pensando que vale la pena apostar por la cultura?

-Sí, por supuesto -dice Gustavo-. Volvería diez mil veces más a hacer lo mismo.

 

 

Conocé la historia del Teatro Bajosuelo en este especial de Enfoque de Negocios:

Teatro Bajo Suelo

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