La industria de desarrollo de software tandilense intensifica sus esfuerzos para cubrir la demanda de puestos de trabajo, en una muestra de la potencia del sector en la economía de la ciudad. Paralelamente, el avance de la tecnología y los cambios en los modelos de negocios impactan en las relaciones laborales, generando nuevas tendencias que conviven con la problemática.

La CEPIT y la Facultad de Ciencias Exactas de la UNICEN realizaron el día jueves 13 una charla para alumnos de último año de las escuelas secundarias de Tandil, en la que compartieron experiencias y expusieron conceptos relacionados a la situación del sector ante alrededor de 200 adolescentes, en plena campaña por difundir las bondades del estudio de carreras relacionadas al desarrollo de software.

Las empresas tecnológicas se encuentran ante la problemática de la falta de recursos humanos, algo curioso en una ciudad con una usina de profesionales del ramo como lo es la universidad. Al principio, cuando se comenzó a detectar este problema, importar talento de otras ciudades fue un paliativo; pero no logró ser una solución de fondo ante una industria que requiere cada vez más mano de obra calificada por la creciente demanda de proyectos. Además, la problemática es nacional, por lo que compañías de otros lares encuentran las mismas dificultades. Según los datos oficiales de la misma CEPIT, “en el país, el 51% de las empresas tecnológicas tiene dificultades para conseguir trabajadores. En Tandil, dentro de los próximos cuatro años el sector planea crear, al menos, 1500 nuevos empleos” que necesitarán ser cubiertos.

Ante esto, los actores del sector (empresas, Universidad, gobiernos) se agrupan y coordinan esfuerzos.  Se encuentra en marcha el tan nombrado Plan Nacional 111 Mil, que apunta a formar programadores en un corto período de tiempo (diez meses), en lo que es un programa para capacitar y “crear” programadores en personas de edad adulta principalmente. Para los más jóvenes, UNICEN propone varias carreras para insertarlos en alguna de las áreas del proceso de desarrollo: además de la tradicional, extensa y completa Ingeniería en Sistemas, se pueden cursar las más cortas TUPAR (focalizada en armado de redes), TUDAI (en programación de aplicaciones) y el Profesorado de Informática.

Sin embargo, la misma demanda de producción que genera posibilidades también contribuye al conflicto creando matices de cambio en las relaciones laborales tradicionales. El campo IT es fructífero para emprendimientos personales, creación de pequeñas empresas colaborativas e incluso, modalidades de trabajo freelancer que hacen que mucho del talento se escurra de las manos de las empresas consolidadas. Enfoque de Negocios dialogó con Demian G., un desarrollador senior que trabaja para una empresa de Capital Federal con clientes en Alemania y Suiza. Demian fue tentado muchas veces para incorporarse en relación de dependencia a una compañía local, pero hasta ahora ha escapado de las redes cazatalentos.

Lisandro, otro convocado para contar su experiencia, dejó un empleo de cinco años en una empresa grande de la ciudad para formar una start-up con tres amigos. “La diferencia no fué tanto en el nivel de ingreso al tomar la decisión, sino que prioricé trabajar con amigos en un proyecto que nos pertenecía a todos” nos explica.  Ambos casos son ilustrativos de tendencias prósperas.

En relación a esta situación, Alfredo Fagalde, de la revista Mercado, analiza que para el trabajador “encontrar el equilibrio adecuado entre tecnología, talento y conexión humana será lo que permita lograr el éxito en esta “Revolución de las Habilidades” que está surgiendo. Quienes tengan las habilidades demandadas crearán las oportunidades y elegirán cómo, dónde y cuándo trabajar” En tanto, agrega que “el desafío de las compañías será comprender las expectativas de estas personas para atraerlas y retenerlas a largo plazo”.

Tandil es, como ciudad de avanzada en el rubro informático a nivel nacional, testigo de las primeras y contundentes transformaciones ocasionadas por los nuevos modelos. Empresarios buscando deliberadamente mano de obra, profesionales que pueden escoger cómo y con quién ejercer sus skills, universidades flexibilizando sus programas para “producir” más trabajadores y personas que pasando los treinta años descubren una vocación o encuentran una nueva oportunidad de vida. Consecuencias macro y micro de una locomotora que tracciona, casi de prepotencia, la ciudad al futuro.

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